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  • Gerencia de proyectos con las personas en el centro 

    Gerencia de proyectos con las personas en el centro 

    Repensando el liderazgo de proyectos desde la cultura, la confianza y la comunicación  

     

    “Los gerentes de proyectos estamos para hacer que las cosas pasen y no para caerle bien a la gente”. No sé si alguna vez has pensado así, pero te confieso que yo sí pensaba así. Y no es que no sea cierto que nuestro rol está enfocado en hacer que las cosas pasen y que no vamos al trabajo a hacer amigos. El problema está en el mindset detrás de ese pensamiento: ver a las personas como un recurso para cumplir un objetivo y no como la razón del objetivo. 

    Luego de muchos años manejando proyectos y de trabajar con muchos equipos, he aprendido que el enfoque principal de cada proyecto es la gente, la gente que hace el proyecto y la gente a quien servirá dicho proyecto.  

    Cuando hablamos de People First, no lo veamos como un tema generacional ni como una conversación sobre que los millennials o las generaciones más jóvenes buscan mayor balance. Se trata de entender que cuando ponemos atención en nuestros equipos y en las personas a quienes sirve el proyecto, podemos generar mayor valor y mejores resultados. Y lo contrario también es cierto: cuando no ponemos a las personas en el centro, podemos afectar la comunicación, limitar la visibilidad de riesgos, dificultar la adopción y, finalmente, poner en riesgo el éxito del proyecto. 

     

    Equipo del Proyecto: Las personas que hacen el proyecto 

    Cuando comencé a estudiar gerencia de proyectos algo que me llamó la atención fue el término “recurso”. Nos enseñaban que existían tres tipos de recursos: económico, equipos o maquinarias, y el recurso humano. Así que el recurso humano, no muy diferente a una excavadora, se distribuía en las diferentes tareas de un plan de trabajo. Y aunque creo fielmente en la planificación y en poder tomar en cuenta en qué tareas estará trabajando cada persona para completar el éxito del proyecto, hay otros factores que influencian el desempeño, la calidad y la productividad a nivel del individuo y a nivel del equipo. 

    ¿Cuántas veces hemos escuchado que los problemas personales se quedan en la casa? ¿Realmente alguien piensa que esto es cierto? ¿Piensas que, si alguien tiene un padre enfermo, un hijo que fue activado para la guerra o un divorcio en proceso, tan pronto entra por la puerta deja todo eso afuera? Y aunque como gerentes de proyectos y como líderes no podemos controlar la vida de cada uno de los miembros del equipo, sí podemos ayudar a que, a pesar de la mochila que cada uno trae cuando llega a la oficina, la dinámica del equipo ayude a la ejecución del trabajo. 

    En mis años trabajando en proyectos he visto cómo la dinámica de los equipos impacta directamente la ejecución, el compromiso y los resultados. Esto me lleva a una hipótesis: la cultura organizacional tiene un impacto directamente proporcional en los resultados de los proyectos. 

     

    Seguridad psicológica 

    En el libro The Four Stages of Psychological Safety, Timothy Clark define la seguridad psicológica como una condición en la cual las personas se sienten incluidas, seguras para aprender, seguras para contribuir y seguras para desafiar el status quo sin miedo a ser avergonzadas, marginadas o castigadas. 

    Clark describe cómo el nivel más alto de seguridad psicológica ocurre cuando el respeto y el permiso alcanzan su punto máximo. Es en ese nivel donde las personas innovan y retan el status quo de buena fe, por el bien común. 

    En la misma línea, Amy Edmondson en su libro The Right Kind of Wrong describe un estudio que realizó en hospitales donde los equipos con mayor seguridad psicológica reportaban más errores. Inicialmente el resultado parecía contradictorio, pero luego se entendió que no era que esos equipos cometieran más errores, sino que tenían mayor confianza para reportarlos y aprender de ellos. En los otros equipos, los errores no se traían a la conversación. 

    ¿Cuántas veces hemos estado en proyectos donde todo parece estar en orden y de repente todo está mal? El proyecto está en verde y de momento aparece en rojo, sin riesgos identificados y sin alertas previas. Esto ocurre cuando no existe un ambiente donde las personas se sientan seguras para levantar riesgos y escalar issues, lo que afecta la ejecución del proyecto. 

    Cuando gerenciamos proyectos con un enfoque en las personas, los equipos tienen mayor confianza para expresar dudas, compartir problemas y levantar riesgos. Eso nos da la visibilidad necesaria para aclarar, corregir y mejorar. 

    Brené Brown habla de la diferencia entre playing to win y playing not to lose. Cuando existe seguridad psicológica jugamos para ganar. Cuando las personas actúan con miedo o con reserva, juegan para no perder, que al final es perder. 

     

    Lecciones aprendidas 

    Las lecciones aprendidas, conocidas también como post-mortem o retrospectivas, se escuchan más fáciles de lo que realmente son. Como fanática del aprendizaje continuo sé el valor que tienen estas reuniones, pero la realidad es que decirlo es más fácil que hacerlo. No es fácil sentarse a hablar de las áreas de oportunidad de un proyecto evaluando la situación y no a la persona. 

    Cuando comencé a hacer este tipo de sesiones, la gente llegaba con el mindset incorrecto: “aquí me van a decir todo lo que hice mal”. Cuando alguien comentaba un área de oportunidad, la persona encargada del área se molestaba y comenzaba a defender por qué lo había hecho así o señalaba lo que otra persona había hecho. En buen español, se formaba un “sal pa’ fuera” y todo el mundo salía molesto. ¿Qué sacábamos de la reunión? Absolutamente nada. 

    Con el paso del tiempo y muchas iteraciones he visto que la gente ahora espera este tipo de reuniones. Vamos con una mente abierta y enfocados en elevar la vara y ver qué podemos hacer mejor. Y mejor no significa más complejo, significa seguir refinando nuestros procesos, nuestra comunicación y nuestra forma de trabajar en equipo. 

    Algo que me ha ayudado mucho en esta evolución es puntualizar áreas de oportunidad en cosas que yo misma trabajé. Esto ayuda a que las personas entiendan que identificar oportunidades de mejora en nuestro trabajo no es una debilidad, sino una forma de seguir mejorando. 

    También ayuda realizar estas sesiones incluso cuando el resultado del proyecto fue espectacular. Así evitamos asociar estas reuniones únicamente con algo que salió mal y las convertimos en un mecanismo de Continuous and Never Ending Improvement, de seguir elevando la vara. 

    Algo sumamente importante en estos ejercicios es la participación del nivel ejecutivo. En su libro The Project Management Guide to Lessons Learned, el Dr. Joshua Cunio nos dice: “When leaders actively participate in lessons learned sessions and demonstrate their importance through their actions, they set a precedent for the rest of the organization”. 

    También es importante hacer estas sesiones poco tiempo después de terminado el proyecto o la iniciativa. A medida que pasa el tiempo, las personas comienzan a trabajar en otras cosas y muchos detalles se olvidan. Otro elemento clave es mantener estas lecciones accesibles para que cuando volvamos a hacer algo similar podamos revisarlas y aprender de ellas. 

     

    Documentación y escalación de riesgos 

    En el pasado, la documentación era el elemento principal de la profesión. El gerente de proyecto era visto como la persona responsable de documentar planes, minutas y reportes. 

    Hoy la documentación sigue siendo importante, pero con la llegada de la agilidad el enfoque es más práctico. Se documenta lo necesario, no se documenta por documentar. 

    A veces un mensaje claro en Teams con los acuerdos es más efectivo que un documento extenso que nadie abre. La agilidad nos recuerda el valor de people over process y working software over extensive documentation. Se trata de simplicidad y de que las personas trabajen en lo que realmente añade valor. 

    Con este mismo enfoque, la escalación de riesgos debe hacerse siempre con el mejor interés del proyecto y con la comunicación necesaria. Todo el mundo debe sentirse cómodo levantando bandera cuando algo no está funcionando. Y, no muy diferente a lo que ocurre en las lecciones aprendidas, las personas deben tener claro que la escalación está atada a un resultado y no a señalar a alguien. 

     

    El Cliente: Las personas para quienes hacemos el proyecto 

    Manejo de cambio 

    El otro grupo de personas que debe ser nuestro enfoque es nuestro cliente directo, las personas a quien sirve el proyecto. Aunque es cierta la famosa frase de Steve Jobs de que muchas veces las personas no saben lo que quieren hasta que lo ven, y en ocasiones la visión ejecutiva tiene una aspiración que el negocio aún no logra visualizar, es importante considerarlos en todo momento y trabajar la comunicación y el manejo de cambio para lograr una mejor adopción de la plataforma o iniciativa. 

    Cómo llevamos a las personas a través del cambio es un factor determinante para el éxito de cualquier proyecto. Al final, el proyecto es para ellos y son ellos quienes conocen la operación. 

    En ocasiones queremos implementar cambios sin considerar al equipo que ejecuta el trabajo. Cuando esto ocurre, la aceptación suele ser baja o surgen problemas durante las pruebas o la implementación. 

    Yo misma fui ese gerente de proyecto que estaba tan enfocada en el resultado que terminaba haciendo pruebas, actuando como SME o resolviendo problemas operacionales para que las cosas pasaran. Aunque eso puede añadir valor, es importante que las personas a quienes sirve el proyecto estén involucradas en el proceso. 

    Los mejores resultados ocurren cuando el usuario final participa en la construcción del resultado final. 

     

    Comunicación 

    La comunicación es crucial en la implementación de proyectos. Saber qué comunicar, cómo comunicarlo y en qué momento hacerlo marca la diferencia. 

    En los últimos años he aprendido aún más sobre la importancia de comunicar con claridad. No se trata solo de tener una buena idea, sino de asegurar que las personas entiendan la visión. 

    Velma Hernández, estratega de comunicación con quien llevo colaborando hace algunos años, ha enfatizado continuamente este punto. En este tiempo he aprendido cuánto impacto tiene una comunicación clara y oportuna. 

    Como dice Daniel Coyle en The Culture Code“Creating engagement around a clear, simple set of priorities can function as a lighthouse, orienting behavior and providing a path toward a goal”. 

     

    Conclusión 

    Los proyectos son hechos por personas y creados para personas. Por eso el mindset de People First significa enfocarnos tanto en las personas que trabajan en el proyecto como en las personas que usarán el resultado final. 

    Con los equipos del proyecto es importante la comunicación, la empatía y la seguridad psicológica. Cada persona trae su propia historia, pero todos forman parte de un equipo que contribuye a algo más grande. 

    Con las personas que usarán el resultado del proyecto es fundamental entender sus necesidades, sus pain points y qué realmente añade valor. Comprender qué es un showstopper, qué es un nice to have y qué es verdaderamente importante para ellos. 

    Ese enfoque es crucial para el éxito de cualquier iniciativa, desde una actividad interna hasta la implementación de una plataforma. 

     

    Key Takeaways 

    • Los proyectos son hechos por personas y para personas, por lo que el enfoque en la gente impacta directamente la ejecución y los resultados.
    • La seguridad psicológica permite que los equipos levanten riesgos, dudas y errores a tiempo, lo que mejora la visibilidad y la capacidad de corregir el rumbo.
    • Las sesiones de lecciones aprendidas se convierten en herramientas de mejora continua cuando se enfocan en el aprendizaje y no en señalar culpables.
    • La documentación debe ser útil y práctica, alineada con las necesidades del equipo y enfocada en facilitar el trabajo, no en generar burocracia.
    • La escalación de riesgos debe hacerse con el mejor interés del proyecto y en un ambiente donde las personas se sientan cómodas levantando bandera.
    • La comunicación clara y el involucramiento de las personas que ejecutan y utilizan el proyecto son claves para lograr una adopción efectiva y resultados sostenibles.

  • Un amor heredado: las lecciones de liderazgo, trabajo en equipo y resiliencia de La Scaloneta 

    Un amor heredado: las lecciones de liderazgo, trabajo en equipo y resiliencia de La Scaloneta 

    Recuerdo aquel verano de 2010, estaba embarazada de mi primer hijo y lista para vivir mi primer Mundial junto a mi ahora esposo. 

    De joven nunca fui muy deportista. Siempre me gustó correr, pero más allá de eso, el único deporte que seguía como aficionada era la NBA. Por eso, ver la llegada del Mundial con tanta expectativa era algo completamente nuevo para mí. 

    A medida que se acercaba la fecha, veía cómo se encendía la pasión argentina en mi hogar, al punto de que habíamos acordado que, si Argentina quedaba campeón del mundo, nuestro hijo se llamaría Lionel.  

    Aprender la lista de convocados, comprar la camiseta oficial, conocer el significado de las cábalas argentinas y calendarizar cada partido, eran algunas de las cosas que tomaron prioridad a medida que se acercaba la fecha.  

     A medida que comenzó el Mundial y avanzamos de la fase de grupos a octavos y luego cuartos de finales todo parecía como una fiesta; venían amistades a ver los partidos y comíamos alguna comida argentina. No tarde mucho en darme cuenta de que significaba algo mucho más grande. La reacción y el dolor de Benjamín cuando finalizó el partido de cuartos de finales en el que Argentina quedó eliminada 4-0 frente a Alemania, rival histórico de la selección, al igual que Brasil e Inglaterra, quedaron grabadas conmigo. En ese momento vi cómo, para él, el Mundial simplemente se había terminado. Ya no importaba. 

    Doce años más tarde, durante el Mundial de Qatar 2022, tuve la oportunidad de vivir el primer partido de la selección argentina en Buenos Aires. Aquella pasión que doce años antes había visto reflejada en mi esposo, ahora la veía en todo un país. 

    Luego de la derrota frente a Arabia Saudita, Buenos Aires estaba de luto. Recuerdo salir a correr la mañana luego que se terminó el partido y encontrar las calles prácticamente vacías. Las pocas personas que caminaban iban cabizbajas. Fue en ese momento cuando realmente entendí lo que significa la pasión del fútbol argentino. 

    Durante un mes, cada cuatro años, un país entero deja a un lado diferencias políticas, rivalidades entre clubes y cualquier otra división para unirse detrás de un mismo propósito. 

    Afortunadamente tuve la oportunidad de vivir también en Buenos Aires el partido contra México, una victoria que luego de cuatro largos días de tristeza devolvió la esperanza y marcó el inicio del camino que terminaría con Argentina coronándose campeón del mundo. 

    En mi blog «Lo que la Scaloneta nos enseñó de Gerencia de Proyectos», hablé sobre resiliencia, trabajo en equipo, liderazgo y otros factores que llevaron a ese grupo a alcanzar la victoria. 

    Dieciséis años después de aquel Mundial del 2010, hoy tengo no uno, no dos, sino tres hinchas en casa que cuentan los días para que vuelva a rodar la pelota, que viven cada segundo de un partido como si fuera el último, celebran cada victoria y sufren cada derrota. 

    Por mi parte, aunque llevo dieciséis años siendo hincha de la selección argentina, La Scaloneta despertó en mí un interés diferente. 

    Mi pasión por estudiar la cultura organizacional, el trabajo en equipo, el liderazgo y el comportamiento de los grupos hizo que comenzara a observar este equipo desde otra perspectiva. Mientras muchos disfrutaban del fútbol, yo me encontraba estudiando cada interacción, cada decisión y cada comportamiento colectivo desde un ángulo completamente distinto. 

    Aquí mi objetivo no es hablar de lo que tiene la selección argentina que no tienen otros equipos, ni viceversa. Estoy convencida de que, si observamos con detenimiento a cualquier equipo de alto desempeño, encontraremos grandes lecciones aplicables a nuestras organizaciones. 

    Comparto las de La Scaloneta porque es el equipo que he venido estudiando más de cerca y porque considero que lo que este grupo de jugadores ha construido juntos es el resultado de estas características que describo abajo:  

     

    Liderazgo 

    Es muy difícil hablar de La Scaloneta sin hablar de liderazgo. Hablar de su director técnico, Lionel Scaloni; de su capitán, Lionel Andrés Messi; y de otros jugadores que, en distintos momentos, asumieron un rol de liderazgo dentro del equipo. 

    En mi blog anterior hablo sobre el liderazgo de Scaloni y Messi, pero hay algo que quisiera añadir. Siempre se dice que hay personas que nacen líderes y otras que se hacen. Ver la evolución de Messi me hizo reflexionar mucho sobre esto. Aunque durante muchos años estuvo en el mejor momento de su carrera como futbolista, todavía estaba desarrollando muchas de las habilidades blandas que caracterizan a un líder. Con el paso de los años, la experiencia y la madurez, vimos cómo evolucionó no solo como jugador, sino también como líder. Hoy inspira desde el ejemplo, desde la calma y desde la manera en que pone siempre al equipo por encima de sí mismo. 

    Por otro lado, es imposible hablar del liderazgo de esta selección sin reconocer el trabajo de Lionel Scaloni. En mi casa conocemos a cada jugador de la selección, con sus fortalezas y sus debilidades. Cada vez que Scaloni hace un cambio durante un partido, pueden escuchar las discusiones. 

    “¿Por qué sacaste a De Paul?” “¿Por qué no metiste al Colo?” “Ahora tienes que poner a Lautaro”… 

    Estoy segura de que eso no ocurre solo en mi casa. Basta con escuchar a los comentaristas argentinos o leer las redes sociales para encontrar opiniones sobre cada decisión del director técnico. 

    Sin embargo, esa es precisamente una de las responsabilidades más difíciles del liderazgo: tomar decisiones difíciles, muchas veces bajo presión y recibiendo críticas. Un líder debe conocer a su equipo, saber cuándo mover cada pieza y confiar en el trabajo del grupo que lo acompaña. En este caso, en todo el cuerpo técnico que analiza cada detalle del partido antes de tomar una decisión. 

    Recuerdo especialmente el partido contra Inglaterra, cuando Scaloni decidió sacar a Leandro Paredes. En mi casa la reacción fue inmediata: 

    —¿¡Por qué sacas a Paredes!? (Con algunas palabras adicionales que prefiero no repetir en este escrito.) 

    Pero, pocos segundos después, todos terminamos diciendo lo mismo: 

    —Scaloni sabe. 

    Fue un momento curioso porque, aunque no entendíamos la decisión, confiábamos plenamente en el criterio del líder. Más tarde me llamó la atención ver en redes sociales de unos streamers que habían vivido exactamente la misma reacción. 

    Otra muestra de liderazgo la vimos durante una conversación entre Scaloni y Leandro Paredes durante una pausa de hidratación en el partido contra Suiza. En las imágenes que luego circularon se observa cómo Scaloni escuchaba y le hace una pregunta muy sencilla: 

    —¿Qué necesitas? 

    Como líderes, esa probablemente sea una de las preguntas más importantes que podemos hacerles a nuestros equipos: 

    ¿Qué necesitas? ¿Cómo puedo ayudarte a hacer mejor tu trabajo? 

    Muchas veces pensamos que liderar consiste únicamente en dirigir o tomar decisiones. Sin embargo, una parte fundamental del liderazgo consiste en escuchar y eliminar los obstáculos para que las personas puedan dar lo mejor de sí. 

    Pero el liderazgo no siempre viene del director técnico o del capitán. 

    Una de las imágenes que más me impactó ocurrió cuando Argentina perdía 2-0 contra Egipto. Al minuto 78, Cristian «Cuti» Romero se posicionó prácticamente como delantero, ganó un cabezazo que terminó en el descuento y, en lugar de salir a celebrar, inmediatamente comenzó a hacerles señas a sus compañeros para que siguieran adelante. 

    Con las manos les decía: 

    —¡Vamos, vamos! 

    Ese momento me recordó que un líder no necesariamente es quien tiene el título, sino quien inspira, motiva y logra que los demás crean que todavía es posible. 

    Ese día, el Cuti Romero fue una muestra extraordinaria de liderazgo. 

     

    Tenacidad y resiliencia 

    Imposible hablar de La Scaloneta sin hablar de tenacidad y resiliencia.  

    Sin embargo, este equipo no siempre fue así. En una conversación entre Lionel Scaloni y el cuerpo técnico, luego del primer partido del Mundial de Qatar frente a Arabia Saudita, Scaloni reflexiona sobre lo que ocurrió durante aquel partido. Después de una larga racha de victorias, el equipo simplemente había olvidado lo que era perder. 

    Cuando se vieron abajo en el marcador, no supieron cómo reaccionar. No solo los jugadores; tampoco la hinchada. Después de tantos partidos consecutivos ganando, no supieron cómo reaccionar. 

    Aquella derrota les costó el partido, pero les dejó uno de los aprendizajes más importantes de todo el proceso. Entendieron que no podían rendirse, que el mindset era tan importante como la preparación física o la estrategia, y que todavía quedaba un Mundial completo por jugar. 

    Ese cambio de mentalidad no solo los llevó a ganar la Copa del Mundo, sino también a volver a conquistar una Copa América. 

    Hay que saber ganar, pero también hay que saber perder. Perder también forma parte del deporte, como ocurre en la vida y en las organizaciones. Lo que no se vale es tirar la toalla antes de que suene el silbato final. 

    Hay que darlo todo hasta el último minuto y, cuando las cosas no salen como esperábamos, no darnos por vencidos, sino buscar la manera de levantarnos y seguir adelante. 

    Los partidos contra Egipto y luego contra Suiza fueron otra muestra de esa capacidad para luchar hasta el final. 

     

    Tall Poppy Syndrome 

    Una de las mayores lecciones de vida que me dejó este Mundial fue observar algo que va mucho más allá del fútbol: el deseo que muchas personas tienen de ver fracasar a quienes alcanzan el éxito. 

    Gracias al profesor Dr. Alejandro Gómez conocí un concepto que le dio nombre a ese comportamiento: Tall Poppy Syndrome, la tendencia humana a «cortar» o menospreciar a quienes sobresalen, buscando reducir la diferencia entre el éxito del otro y el propio. 

    Durante muchos años, cuando Messi aún no había ganado un Mundial, muchas personas querían que Argentina fuera campeona para verlo alcanzar ese logro. 

    Pero, después de que Scaloni construyera el equipo que conquistó dos Copas América, una Finalissima, un Mundial, el panorama cambió. 

    Muchos ya no querían ver ganar a Argentina. Le iban a Jordania, a Argelia, a Cabo Verde, a Egipto, a Suiza, a Inglaterra… prácticamente a cualquier equipo que estuviera del otro lado. 

    Y eso me hizo pensar que este fenómeno no ocurre únicamente en el deporte. 

    En la vida pasa exactamente igual. 

    Cuando vemos a una persona alcanzar sus metas, muchas veces solo observamos la punta del iceberg. No vemos los años de esfuerzo, las derrotas, los sacrificios, las decisiones difíciles ni todo el trabajo que hubo detrás. En lugar de inspirarnos en ese proceso, comenzamos a buscar explicaciones para minimizar el logro o, peor aún, deseamos verla caer. 

    Hay una imagen de Michael Phelps que siempre me ha llamado la atención. Mientras él nada completamente concentrado en su carril y en su meta, uno de sus competidores gira la cabeza para mirar dónde está Phelps. 

    Creo que esa imagen resume perfectamente lo que muchas veces hacemos en la vida. 

    Perdemos demasiado tiempo comparándonos con los demás, cuando deberíamos estar enfocados en nuestro propio carril. 

    En cómo ser mejores hoy que ayer. 

    En cómo aprovechar las herramientas que tenemos. 

    En construir nuestra mejor versión. 

    Porque, cuando cada persona trabaja en convertirse en su mejor versión, todos terminamos fortaleciendo al equipo. 

     

    Trabajo en equipo: el colectivo por encima del individuo 

    Si hay algo que admiro profundamente de este grupo de jugadores es el cariño que se tienen entre ellos y la forma en que han logrado construir un equipo donde el colectivo siempre está por encima del individuo. 

    En el futbol muchas veces los delanteros se llevan los reconocimientos, pero ese gol o ausencia de este es un esfuerzo compartido entre los delanteros, mediocampistas, defensas, el portero y el equipo técnico. El logro de un gol en la mayor parte de las ocasiones es un esfuerzo de colaboración entre varios jugadores. 

    Una de las tantas jugadas que representa esta filosofía ocurrió durante el partido contra Suiza. 

    Julián Álvarez estaba bloqueado por varios defensores, con muy poco espacio para avanzar. En ese momento, Jose Manuel Alberto Lopez, mejor conocido como el Flaco Lopez hizo una jugada para llevarse a los defensores, abrir el espacio y pasar a Julián nuevamente la pelota y que lograra concretar la jugada que terminó en gol. 

    Cuando vemos la repetición, es fácil enfocarnos en quien anotó. 

    Sin embargo, ese gol comenzó mucho antes. 

    Comenzó con un compañero dispuesto a hacer un movimiento que probablemente no aparecería en el resumen del partido, pero que hizo posible que el equipo alcanzara el objetivo. 

    Esa jugada resume perfectamente lo que significa trabajar como un verdadero equipo. No siempre quien recibe el reconocimiento es quien hizo posible el resultado. 

    Y eso también ocurre todos los días en nuestras organizaciones. 

    Algo que admiro mucho de esta selección es que sus jugadores parecen haber entendido esa diferencia.  

    En el fútbol, al igual que en las organizaciones, no es sencillo mantener el enfoque en el colectivo. Aunque constantemente hablamos de los logros del equipo, muchas veces terminamos premiando el desempeño individual. Se habla del jugador con más goles, del que tiene más asistencias, del mejor del partido, del máximo goleador del torneo. Es muy fácil caer en esa dinámica y comenzar a perseguir el reconocimiento individual. 

    Sin embargo, La Scaloneta ha logrado construir una cultura diferente. 

    Recuerdo un partido en el que el comentarista mencionaba que Messi todavía no había anotado un gol en ese partido y que eso haría que no lograra sobrepasar los goles anotados por jugador durante el Mundial. Mientras escuchaba ese comentario, pensaba que el verdadero objetivo nunca fue que Messi hiciera un gol. El objetivo era que Argentina hiciera un gol para avanzar a la siguiente ronda. 

    Y eso cambia completamente la conversación. 

    En nuestras organizaciones sucede algo muy parecido. Queremos que todos trabajen por un objetivo común, pero muchas veces diseñamos sistemas de reconocimiento que premian únicamente el desempeño individual. 

    Si no tenemos el mindset adecuado, terminamos fomentando la competencia interna en lugar de la colaboración. Las personas comienzan a competir entre ellas por sobresalir, cuando en realidad deberían estar colaborando para que el equipo alcance el resultado. Y, poco a poco, esa competencia termina debilitando la cohesión del grupo y alejándolo de su propósito. 

    Uno de los mayores logros de La Scaloneta ha sido precisamente ese. Construir un equipo donde cada jugador parece entender que su éxito depende del éxito del grupo. 

    Porque, al final, los campeonatos no los gana un jugador. Los ganan los equipos. 

     

    El triunfo es momentáneo 

    La final también me dejó grandes aprendizajes. Aunque La Scaloneta no salió campeón y, definitivamente, no fue el equipo que acostumbrábamos a ver en la cancha, aprendí algo muy importante. 

    Aprendí que, por encima de cualquier logro, cualquier campeonato o cualquier lección de liderazgo, al final todos somos humanos. 

    Vi llegar a una Scaloneta completamente drenada y golpeada después del partido contra Inglaterra. Más allá de ser un partido más, cargaba consigo mucha historia, tanto por razones políticas como por enfrentamientos anteriores entre ambas selecciones. 

    Lo dieron todo. Jugaron con el alma y con el corazón. 

    Y llegaron a la final intentando encontrar energía donde ya prácticamente no quedaba. 

    Fue impresionante ver el partido que tuvo Emiliano «Dibu» Martínez. Perdí la cuenta de la cantidad de atajadas que realizó. Sin embargo, el fútbol, al igual que las organizaciones, nos recuerda que un solo jugador no puede cargar con todo el peso del equipo. 

    En un equipo de alto desempeño hay momentos en los que unos aportan más y otros menos. Nos apoyamos, nos complementamos y, con el tiempo, ese esfuerzo se equilibra. Pero cuando una sola persona termina sosteniendo el peso del equipo durante demasiado tiempo, el éxito se vuelve mucho más difícil de alcanzar. 

    Después de la final comenzaron a surgir cientos de teorías sobre lo que había ocurrido ese día. Yo prefiero quedarme con una explicación mucho más sencilla. 

    Prefiero pensar que, a pesar de seguir siendo ese equipo que tanto admiro y del que continúo aprendiendo, simplemente ese no fue su día. 

    Y eso también pasa en nuestras organizaciones. 

    Hay días en los que las cosas no salen. 

    Hay proyectos que no logran el resultado esperado. 

    Eso no borra todo lo construido. 

    No elimina los aprendizajes. 

    No significa que el equipo haya dejado de ser extraordinario. 

    Simplemente significa que, por encima de cualquier título o reconocimiento, seguimos siendo personas. 

    Y quizás una de las cosas que más me emocionó fue precisamente la reacción de la hinchada y el recibimiento que le dio a la selección una vez que llegaron a la Argentina. 

    Al final, el mayor regalo que me dejó ese Mundial de 2010 no fue convertirme en hincha de la selección argentina. Fue descubrir una nueva manera de observar los equipos. 

    Lo que comenzó como una pasión heredada terminó despertando en mí una curiosidad por entender qué hace que un grupo de personas logre cosas extraordinarias. Con el paso de los años, mientras mis hijos heredaban el amor por la camiseta albiceleste, yo heredaba algo adicional: el hábito de observar el liderazgo, la cultura, la confianza y las relaciones que existen detrás de cada equipo. 

    Quizás por eso el amor que le tengo a La Scaloneta. 

    No porque siempre gane. 

    No porque crea que sea un equipo perfecto. 

    Sino porque me recuerda, una y otra vez, que los grandes resultados rara vez son producto del talento individual. Son el reflejo de una cultura construida con humildad, confianza, liderazgo, resiliencia y un propósito compartido. 

  • El poder de elegir tu enfoque 

    El poder de elegir tu enfoque 

    “Destiny is not a matter of chance, it is a matter of choice.” 
    ~ William Jennings Bryan 

    Todavía recuerdo ese día, una mañana de noviembre del 2009, en la que salí temprano de casa de mi papá y le dejé una nota en el parabrisas al vecino. Vivíamos en unos walk-ups de esos en los que, al bajar las escaleras, los carros te quedan justo al frente. Convencida de que ese era el hombre de mi vida y cansada de esperar a que él hiciera algún intento de comenzar una conversación; aquella mañana decidí dejar de esperar por el destino y tomar acción. Quizás lo hubiese conocido más adelante en la vida, quizás no. Quién sabe. 

    Hoy, luego de más de 15 años, continúo usando ese momento como una lección de vida. Mi hijo mayor puede hablar de cuántas veces ha estado indeciso sobre si atreverse a hacer algo o no, y mi recomendación siempre es la misma: 
    “Recuerda que tú existes porque yo le dejé una carta en el parabrisas a tu papá. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué te digan que no?” 

    Con el pasar de los años, puedo decir que ese fue un momento que cambió mi vida, más allá de haber conocido a mi esposo y padre de mis hijos. Fue uno de esos momentos que demuestra que nuestro mindset determina nuestro futuro y que en nuestra vida es posible tener el volante. 

    El otro día, mientras tomaba un café, la señora del lado estaba viendo las redes sociales con el volumen alto. Ustedes saben, esas personas que, sí o sí, te hacen escuchar cada reel. A medida que hacía scroll, reía con algo, luego lloraba con otro contenido y después seguía como si nada. No pude evitar pensar cómo estas aplicaciones toman control de nuestras emociones. 

    Dicen que somos el resultado de las cinco personas que tenemos alrededor. También se habla de que somos el resultado de lo que consumimos en redes sociales. Creo que podría ser una mezcla de ambas. 

    No se trata de vivir enajenados de nuestro entorno. Es importante estar al tanto. En mi casa, aunque quisiera, no podría estar desconectada porque mi esposo se encarga de compartir con mucha emoción todas las noticias políticas. Inclusive, son herramientas para conectar con el mundo en tiempos de alegría o de tragedia como los que vivimos hoy. Pero lo que quiero decir es que, nosotros debemos tener el control de lo que consumimos. No dejemos que estos estímulos determinen cómo nos sentimos. Llenemos nuestro feed del mindset que queremos tener. 

    Les comparto algunas personas a las que sigo y qué lección me he llevado de cada una, y cómo me han ayudado día a día a trabajar mi mindset: 

     

    Brené Brown 

    “The story in my head is…” 

    En Netflix hay un show de Brené Brown que se llama The Call to Courage. Creo que lo vi hace como seis años y en una parte ella cuenta algo que pasó con su esposo y la diferencia entre la realidad y lo que ella tenía en su cabeza. 

    Esto es algo que tengo bien presente. Cada uno tiene su filtro y analizamos las situaciones desde ese filtro. Tenemos un postdoctorado haciendo películas de terror en nuestra cabeza. El default rara vez es pensar en algo positivo. Si alguien no te contesta un mensaje, se te cuela en el tapón, dice o deja de decir algo; hacemos la novela de Thalia. 

    Nunca pensamos: “Debe estar ajorado”. Pensamos: “Leyó el mensaje y no me ha contestado… y eso fue porque la semana pasada me dijo X y yo le contesté Y… y después me miró así… y ahora no me contesta”. 

    Y de momento hicimos un arroz con pollo de una historia que, ¿saben qué? Solo vive en nuestra cabeza. Y lo peor es que nos hace daño. 

    Aunque sea difícil de creer, es así. Dejamos que nos hagan daño cosas que no son reales. 

    Brené habla de ese self-awareness de decir: “La historia en mi cabeza es…”. Eso es poderoso, porque no estás asumiendo que tu versión es la verdad y te despega de cierta manera de la historia. Le das espacio a la otra persona para aclarar. Esto me ha ayudado a nivel profesional y personal, a aclarar malentendidos y les puedo dar fe que la historia que nos hicimos, en la mayoría de las ocasiones es incorrecta.  

     

    Mel Robbins 

    Los que me conocen o han leído mis blogs, saben que sigo a Mel hace mucho tiempo y hay específicamente dos de sus mindsets que vivo a diario. 

    5 Second Rule 

    The 5 Second Rule no es otra cosa que actuar en los primeros segundos antes de que nuestro sistema nos indique y nos convenza de por qué no debemos hacer algo. Mucho antes de conocer este concepto, eso fue lo que hice con la carta que le dejé a mi esposo. Porque si lo hubiese pensado un poco más y analizado todos los riesgos les aseguro que no la hubiese dejado. Mel cuenta que comenzó a usar este concepto en un momento difícil de su vida en el que levantarse a darle frente a los problemas se le hacía casi imposible y usaba el 5, 4, 3, 2, 1 para despertarse, algo que uso muchas mañanas, pero funciona con todas las decisiones importantes. En los primero 5 segundos toma una acción que te mueva a tu meta. 5, 4, 3, 2, 1… let’s go! 

    Let Them / Let Me  

    A finales de 2024, Mel publicó su libro Let Them, en el que nos lleva por el proceso de dejar de tratar de controlar lo que no podemos controlar: las acciones de los demás. Pero lo más importante de ese mindset no es el Let Them, sino el Let Me. ¿Qué yo tengo control? ¿Qué yo puedo hacer? Cuando analizamos las cosas desde ese mindset de accountability, dejamos de cogernos pena, de hacernos las víctimas y de concentrarnos en lo que no controlamos. Nos enfocamos en lo que sí podemos hacer, y entonces, the sky is the limit. 

     

    Emma Grede 

    Comencé a seguir a Emma Grede luego de verla en el Goldman Sachs 10K Small Business en 2022. Su determinación y su mindset de accountability son verdaderamente admirables. En aquel momento, ver a una mujer exitosa y madre de cuatro hijos decirnos que no existe tal cosa como el balance entre vida y trabajo fue verdaderamente liberador. Vivimos tratando de lograr algo que no es alcanzable.  

    De Emma Grede vivo dos mindsets. El primero es: “No one is coming”, y el segundo es algo que, ella explica, siempre le decía su mamá: “Tú no eres mejor que nadie, pero nadie es mejor que tú.” 

    No one is coming 

    Soy sumamente afortunada de toda la gente linda que tengo a mi alrededor. Gente que dice presente cuando menos lo imaginas, pero este mindset nos ayuda a tomar acción. Volviendo al ejemplo de la carta: “no one is coming”. Si quieres conocer al muchacho, vas a tener que hacer algo. Y esto mismo pasa con nuestras metas y nuestros sueños. Atado al Let Me de Mel: ¿qué yo puedo hacer? No one is coming. Si esa es tu meta, más vale que comiences a hacer algo por ella. 

    Tú no eres mejor que nadie, pero nadie es mejor que tú. 

    Con el “tú no eres mejor que nadie, pero nadie es mejor que tú” nos ayudamos a no tener tanta duda de nosotros mismos. Nos permite salir a negociar sabiendo que partimos de una misma base y también nos ayuda a mantener la humildad, entendiendo que no somos mejores que nadie. 

    Recientemente leí su libro “Start with Yourself” que salió este pasado abril, un libro que toda mujer debe leer.  

     

    Mark Rober 

    A Mark Rober lo conozco por mis hijos, pero me he convertido en su fan. Más allá de todos los videos que hemos visto en casa 2,358 veces, hace unos meses lo escuché en un podcast y hubo dos cosas que se quedaron conmigo. 

    Hiding the vegetables 

     Sale de este concepto de que muchos padres escondemos los vegetales en la comida para lograr que nuestros hijos se los coman, que adquieran los nutrientes sin saber que están comiendo vegetales. Él lo aplica en su forma de enseñanza. 

    Él enseña ciencia de una manera súper divertida, y he escuchado a mi hijo menor hablar de conceptos de física y química que yo aprendí mucho más adelante. Pero al “esconder los vegetales” y explicarlo de una manera divertida, los niños aprenden. 

    Me identifiqué mucho con esto porque algo que trato de hacer en mis escritos y en mi forma de liderar es relacionar conceptos de la vida diaria con research y con términos que aprendemos a nivel de proyectos, cultura organizacional, liderazgo, entre otros. En la comunicación, lo más importante es que la otra persona (o personas) entiendan el mensaje de lo que queremos transmitir, y Mark es experto escondiendo los vegetales para lograr ese objetivo. 

    Failure 
    Mark habla del fracaso de una manera que se quedó conmigo, porque lo menciona como si el objetivo fuera fallar. Cuando cambiamos el objetivo a fallar, nos quitamos esa presión y entonces nos atrevemos a intentar. 

    Da un ejemplo con el juego de ajedrez: si nos enfocamos en que el objetivo es ganar, una de dos, o perdemos el enfoque del juego o simplemente, al no querer perder, no jugamos. Pero si me pongo como meta jugar hasta perder 10 veces, voy a querer seguir jugando. En el proceso voy aprendiendo y voy adquiriendo experiencia con la consistencia y la iteración. 

     

    Kate Cole 

    A Kate Cole la sigo aproximadamente desde el 2019, luego de que Adam Grant hablara de ella a nivel de liderazgo. El año pasado tuve la oportunidad de escucharla en persona. 

    The Hot Shot Rule 

    Kate también es un ejemplo de superación y comparte el momento en el que su mamá le dice que se estaría separando de su papá. Ella cuenta que sabía que esa era la decisión correcta mucho antes de que su mamá la tomara y que, a nivel de liderazgo, muchas veces nos pasa eso mismo: que nuestros equipos saben la decisión que debemos tomar antes que nosotros. 

    Kate tiene una regla que llamó The Hot Shot Rule, en la que piensa en una persona que admira mucho y se pregunta qué haría esa persona diferente en su rol. Luego toma acción en las próximas 24 horas y se lo comunica a su equipo o a las personas involucradas. 

    Cuando pones la decisión en alguien que admiras, rápidamente parece más clara. El obligarte a tomar acción en 24 horas es ese accountability de tomar control y hacerlo pasar, y algo que ella recalca es que, al tomar acción, ganas confianza. 

     

    Maya Raichoora 

    Recientemente sigo a Maya Raichoora, quien nos habla del poder de la visualización, alineado al mindset que queremos tener. Cada cosa que hacemos, que pensamos, que comemos, dónde estamos, qué miramos y con quién compartimos, todo eso tiene un impacto en la persona en la que nos convertimos. 

    Ella nos dice: 
    “Once you understand the power of your thoughts, you won’t just think anything.” 

    Así que la próxima vez que te encuentres scrolleando en redes sociales, mirando con envidia a aquel que está más flaco, más bronceado, con una vida más entretenida o con más dinero, piensa en qué te está aportando eso. ¿Esto me está sumando o drenando? 

     

    Otras prácticas 

    Otras cosas que, aunque no son exactamente a nivel de mindset, me ayudan diariamente son el Energy Management de Tim Ferriss, en donde auditamos las tareas que nos dan energía versus las que nos la quitan. Tengo una regla: si algo me quita energía y no añade valor, es un no. 

    De Adam Grant, con Rethink, he aprendido a no estar casada con un pensamiento. Esto nos ayuda a crecer, a ser más curiosos y a poder seguir evolucionando. 

    De Arnold Schwarzenegger aprendí a Be Youthful. Hay un quote que dice: 
    “What you do makes a difference, and you have to decide what kind of difference you want to make.” — Jane Goodall 

    Arnold nos habla de ese mindset de ayudar, y de cómo al final eso nos da más satisfacción que nuestros propios logros. 

     

    Takeaways 

    Tu mindset y tus pensamientos determinan todo. 
    No construyas historias que no te ayudan sin evidencia. 
    Concéntrate en lo que puedes controlar. 
    Toma acción. 
    No tengas miedo de repensar. 
    Enfócate en lo que te da energía. 
    La vida es muy corta para llenarla de cosas que drenan. 

    Y en el proceso, be youthful. 
    Elevar a otros es lo que le da sentido a todo. 

  • De la cocina a la oficina 

    De la cocina a la oficina 

    Conversaciones difíciles, feedback y mejora continua

    Todavía recuerdo el día que probé los bollitos de plátano. Bollitos que mi abuela, a quien amaba profundamente, me llevaba anunciando por más de una semana. 

    “Déjame hacerte unos bollitos de plátano esta semana, que te van a encantar”. 

    En su descripción me explicaba lo riquísimos que eran. La edad exacta no la recuerdo, pero debía tener aproximadamente 10 años. Sí recuerdo claramente que estaba sentada en una mesita en el family room de su casa cuando probé los tan esperados bollitos. En ese momento, todo mi ser gritó internamente que definitivamente no me gustaban. Justo entonces, mi querida Yayita me preguntó: 

    — ¿Te gustó? 

    No sé si han visto la película Inside Out, pero me imagino que en ese instante estaban Sadness, Anxiety y Disgust discutiendo qué hacer, mientras Joy decía algo como: “Disfrutemos este momento; nos hicieron esta comida con tanto amor”. 

    Y ahí salí yo: 

    — Yaya, está súper rico. 

    Creo que nunca le dije que no me gustaban los bollitos, aunque estoy bastante segura de que ella lo sabía. Las abuelas nos conocen mejor que nadie. 

    A los 10 años sabía muy poco de lecciones aprendidas, retrospectivas o continuous and never-ending improvement. Lo único que sabía era que mi abuela estaba emocionada por hacerme algo que creía que me iba a encantar, y ¿quién era yo para romperle el corazón? 

    La realidad, y esto lo entendí de adulta, es que mi abuela lo que quería era consentirme. Y si le hubiese dicho que no me gustaban, probablemente no hubiese pasado nada. 

    Aunque parezca absurdo, ¿cómo no atreverme a decirle algo tan sencillo a alguien que me amaba tanto? La realidad es que esto no es raro; pasa más a menudo de lo que pensamos. 

    Recuerdo una vez buscando a mi hijo mayor con un amigo en un campamento. En el carro les pregunté si habían almorzado, y mi hijo me dijo que su amigo nunca almorzaba porque su mamá le enviaba algo que no le gustaba. 

    En otra ocasión, hace unos meses, mientras cenábamos, mi hijo menor nos contó la preocupación que tenía por un amigo al que su mamá le enviaba el mismo sándwich todos los días y que a él no le gustaba. En ocasiones, se lo daba en pedacitos a los changos. 

    En esa conversación, mi hijo mayor se rió y me contó que cuando era pequeño yo le daba pancakes instantáneos o avena para desayuno y que no le gustaba. 

    — ¿Cómo puede ser? —le dije— ¿Y qué pasó? 

    — Pues después de mucho tiempo, un día te lo dije y ya. Nunca más me lo diste. Me di cuenta de que solo tenía que decírtelo. 

    No debería sorprendernos que, si desde pequeños evitamos estas conversaciones y buscamos la manera de esquivar lo incómodo, al llegar a la adultez este comportamiento se amplifique. Y entonces se nos dificulta dar y pedir feedback, tener reuniones de lecciones aprendidas, entre otras cosas. 

    Qué difícil se nos hace tener conversaciones difíciles. 

    En el libro Crucial Conversations, Patterson, Grenny, McMillan y Switzler definen las conversaciones cruciales como: 

    “A discussion between two or more people where (1) stakes are high, (2) opinions vary, and (3) emotions run strong.” 

    Y aunque pensemos que decir que una comida no nos gusta no es una conversación difícil, para un niño que no quiere herir los sentimientos de su mamá, o en mi caso de su abuela, sí lo es. Y ese es precisamente el entorno donde psicológicamente deberíamos sentirnos más seguros. 

    Ahora imaginen unos años más tarde qué pasa en el ambiente laboral. 

    Queremos decir algo. Queremos dar retroalimentación. Pero estamos más preocupados por no hacer sentir mal a la otra persona. A veces es un colega, un direct report o un líder. Queremos dar feedback, pero no encontramos cómo hacerlo o asumimos que no lo van a tomar bien, así que decidimos no decir nada. 

    En Atomic Habits, James Clear nos explica que muchas veces los hábitos con recompensa inmediata tienen efectos negativos a largo plazo, mientras que los hábitos que son incómodos en el momento generan beneficios futuros. 

    Comerte una hamburguesa con papas fritas te da satisfacción inmediata, pero no está alineado con bajar el colesterol o perder peso. Escoger las escaleras en lugar del elevador requiere más esfuerzo ahora; a largo plazo, te convierte en una persona más activa y saludable. 

    Con el feedback pasa exactamente lo mismo. 

    Muchas veces escogemos la recompensa inmediata; damos un comentario positivo para evitar incomodidad, aunque no estemos ayudando al resultado futuro. En cambio, si escogemos la conversación difícil, el momento será incómodo, pero estaremos trabajando el resultado a largo plazo y ayudando a la persona a crecer, tanto profesional como personalmente. 

    ¿Cómo hacerlo más sencillo? Empecemos por nosotros mismos. 

    En Be Amazing or Go Home, Shep Hyken sugiere que, cuando pidamos feedback, hagamos dos cosas: pedir una calificación del 1 al 10 y luego hacer una pregunta clave: ¿qué tendría que hacer para lograr un punto más? 

    Por ejemplo, si te contestan 7, preguntas: ¿qué puedo hacer para ganarme un 8? 

    Aunque Hyken lo plantea desde la perspectiva de servicio, esta dinámica funciona para todo. Le quita peso emocional a la persona que da feedback, porque la conversación deja de ser personal y se enfoca en el progreso. En otras palabras, nos movemos del presente al futuro. 

    Como todo en la vida es un continuous and never-ending improvement, decidí aplicarlo en la cocina. Así que apliqué la recomendación de Hyken al avocado toast que hacemos los fines de semana en casa. 

    Comenzamos asignándole un valor a la tostada y preguntando qué la haría mejor. En el proceso, algunas semanas bajamos de puntuación por detalles que anteriormente estaban bien, pero que dimos por sentado. Eso nos ayudó a identificar qué factores realmente importaban. 

    Pasamos de usar guacamole preparado a hacerlo homemade, cambiamos el tipo de queso, la cantidad de tomate y, lo más importante, que cuando se corta el avocado toast, el huevo esté correctamente cocido. 

    Ahora imaginen aplicar esta disciplina a todo lo que hacemos. 

    Aunque parezca trivial, imaginen si el mindset hubiese sido: “Qué malagradecidos son; la próxima vez se hacen el desayuno ustedes”. 

    Suena extremo, pero ¿no nos ha pasado algo parecido en la casa o en la oficina? Al recibir feedback, levantamos un bloqueo porque sentimos que nos están criticando. 

    El feedback tiene dos partes; saber darlo, pensando en el largo plazo, y saber recibirlo, sacando a la persona de la ecuación y enfocándonos en el contexto y en la mejora. 

    Esto aplica a nivel individual y grupal. En reuniones de lecciones aprendidas, en lugar de tomarlo personal cuando se señalan áreas a mejorar, podemos preguntarnos: ¿qué puedo hacer para llevar esto al próximo nivel? 

    Así que la próxima vez que quieras retroalimentación honesta, en lugar de hacer una pregunta genérica como “¿Te gustó?”, prueba con esto: 

    — Del 1 al 10, ¿qué puntuación le das? 
    — ¿Qué tendría que hacer para lograr un punto más? 

    Y si estás del otro lado y te toca dar retroalimentación, enfócate en lo que se está discutiendo, en el beneficio a largo plazo, y haz explícita la buena intención detrás del feedback. 

    Key Takeaways 

    • Evitar conversaciones difíciles desde temprano refuerza patrones que se amplifican con el tiempo. 
    • El feedback honesto puede ser incómodo a corto plazo, pero es clave para lograr mejores resultados a largo plazo. 
    • La falta de feedback no protege relaciones; limita el crecimiento personal y profesional. 
    • La mejora continua requiere intención, práctica y disciplina. 
    • La seguridad psicológica es esencial para que las personas se atrevan a hablar, aprender y mejorar. 

    Éxito. 

    Luego me cuentas cómo te fue. 

  • Lo que Stitch nos enseñó sobre el trabajo en equipo y la confianza

    Lo que Stitch nos enseñó sobre el trabajo en equipo y la confianza

    Hace unos meses teníamos pendiente construir el LEGO de Stitch en familia. Ya habíamos armado otros sets utilizando la aplicación LEGO Builder, que permite crear grupos de hasta cuatro personas para construir LEGOS en equipo. En casa habíamos hecho algunos de la línea Botanicals, de unas 300 a 400 piezas. Estas dinámicas también las he utilizado en la oficina, ya que permiten poner en práctica temas de colaboración, accountability, trabajo en equipo y comunicación, todo mientras jugamos.

    Mis dos hijos, especialmente el mayor, llevan armando LEGOS desde pequeños y lo hacen casi por intuición. Al menor le tomó un poco más entusiasmarse con este pasatiempo, pero ya me lleva la delantera en experiencia. Para mí, Stitch representaba un reto, ya que es un set un poco más complejo de los que he trabajado.

    El 1ero de enero comenzamos el año con esta aventura y, antes de empezar, ambos chicos ya dudaban de las habilidades de su madre para semejante encomienda.

    Brené Brown define la confianza como “choosing to make something important to you vulnerable to the actions of someone else”. En este caso, lo importante era el LEGO, y decidir hacerlo en equipo implicaba hacerlo vulnerable a que otras personas lo “dañaran”. Sin embargo, el deseo de hacerlo en familia y de compartir la experiencia, hizo que aceptaran ser vulnerables a las acciones de su madre, que no es precisamente experta en construcción de LEGOS.

    Ready, set, go…

    Configuramos los cuatro dispositivos y todo estaba listo para comenzar. Aunque iba más lenta que los demás, trabajaba con mucho cuidado siguiendo las instrucciones, o al menos eso yo pensaba. Una vez terminé mi parte, la aplicación indicaba que debía pasar la estructura a mi compañero, en este caso, mi hijo menor. Ahí comenzó el verdadero desafío.

    Al observar la pieza y compararla con la figura en la aplicación, mi hijo la mira con detenimiento y me dice:

    “Mami, aquí hay algo que está mal”.

    Y yo, convencida de que con un background de ingeniería montar un LEGO no debía ser tan complicado, les dije:

    “¿Cómo va a estar mal si seguí las instrucciones?”

    Pero sí. Habian varias piezas mal colocadas.

    ¿Les suena familiar?

    Es exactamente lo que pasa cuando creemos que un SOP está clarísimo, pero alguien encuentra otra manera de interpretarlo. Y en esta historia, la que había interpretado mal las instrucciones, era yo.

    Mi hijo siguió revisando, encontró lo que pensó que era el error, buscó la herramienta para desmontar piezas, desarmó lo necesario, corrigió y volvió a montar. Cuando pasó el LEGO a su hermano mayor, a quien le tocaba la próxima parte, este encontró otro error: una pieza estaba en el lugar correcto, pero al revés. Esto provocó que tuviera que desmontar no solo mi trabajo, sino también el trabajo que ya se había reconstruido encima.

    ¿Les ha pasado esto en el ambiente laboral?

    Recibir un trabajo esperando que el trabajo previo esté correcto y terminar haciendo retrabajo para poder avanzar, invirtiendo más tiempo y energía de lo planificado, además de la frustración que esto genera.

    En The Thin Book of Trust, Charles Feltman explica que la confianza se compone de cuatro elementos: Care, Sincerity, Reliability y Competence. En este caso, lo que se vio afectado fue el elemento de competencia. Feltman explica que para ganar la confianza del equipo no basta con querer hacer algo bien; hay que tener las habilidades necesarias para ejecutarlo correctamente. Cuando estas habilidades no están presentes, se afecta directamente la confianza que el equipo deposita en nosotros.

    En este caso, mis habilidades impactaron mi ejecución y, como resultado, afectaron la ejecución del equipo, ya que tuvieron que hacer más trabajo y les tomó más tiempo.
    Sin embargo, Feltman también explica que care es el elemento más importante. Cuando las personas saben que tu intención es genuina y que te importan, los otros elementos tienden a tener menos peso.

    Otro factor importante en la dinámica de equipos es la seguridad psicológica en el entorno que estemos. Amy Edmondson, en su libro de Right Kind of Wrong, nos explica que, “When people work in phychologically safe contexts, they know that questions are appreciated, ideas are welcome, and error and failure are discussable.”

    En este caso, no tuve miedo de entrar a esta aventura porque estaba en un entorno seguro. Sin embargo, en muchos ambientes de trabajo vemos como las personas no se atreven a preguntar, tratan de esconder errores y, en ocasiones, incluso buscan culpar a otro compañero cuando algo sale mal.

    Amy Edmondson, en su investigación sobre seguridad psicológica, encontró que los equipos de alto desempeño muchas veces reportan más errores que otros equipos. No porque cometan más, sino porque no tienen miedo de reportarlos, discutirlos y aprender de ellos. Cuando existe seguridad psicológica, los errores se convierten en información valiosa para mejorar el sistema, en lugar de convertirse en un problema personal que se oculta.

    En nuestro caso, la confianza de que compartíamos el mismo objetivo, que mis intenciones eran las mismas que las del resto del equipo y que estábamos en un entorno seguro, hizo que esto fuera una oportunidad de aprendizaje. Y créanme, eso fue lo que me salvó de que no me prohibieran volver a construir un LEGO.

    Al final, Stitch salió. Con más retrabajo del esperado, pero salió. Y lo más importante: mi hijo dijo que lo que más le gustó fue que lo construimos los cuatro juntos, compartiendo en familia.

    Como dicen en Lilo & Stitch:

    “Ohana significa familia, y familia significa que nadie se queda atrás”.

    Hace unos días hicimos otro LEGO y, esta vez, no les provoqué retrabajo. Seguimos aprendiendo.

    Takeaways de esta experiencia

    • Tener buenas intenciones no garantiza un buen resultado, pero sí define nuestra actitud para aprender y mejorar. Es importante reconocer hasta dónde sabemos y tener la confianza de preguntar.
    • Que alguien cometa un error no significa que haya sido por mala intención; es parte natural del proceso de aprendizaje.
    • La calidad del pretrabajo impacta directamente la eficiencia del equipo completo.
    • El retrabajo no solo consume tiempo; también afecta la motivación y la confianza del equipo si no se maneja correctamente.
    • La mejora continua requiere humildad para reconocer errores y apertura para recibir retroalimentación.

    Desde la sala de mi casa hasta la oficina

    • La calidad del trabajo previo importa. Lo que no se hace bien al inicio genera retrabajo, retrasos y desgaste más adelante.
    • En el trabajo en equipo, los resultados de nuestros compañeros nos impactan, y lo que hacemos, o dejamos de hacer, impacta a otros. Esto me recuerda un quote que tengo en mi escritorio: “Be the person you want to work with.”
    • Los errores son señales del sistema, no solo de la persona.
      Cuando algo falla, hay que revisar procesos, documentación, instrucciones y dependencias. Muchas veces el problema está en la claridad del sistema, no en la intención.
    • La confianza y la seguridad psicológica son parte esencial del mejoramiento continuo.
      Los equipos avanzan más rápido cuando pueden señalar errores sin miedo y aprender de ellos.
    • Aprender juntos nos hace más fuertes.
      El objetivo no es solo el entregable, sino desarrollar capacidades en el equipo, elevar la vara y seguir mejorando. A veces nos conformamos con que “salió bien” y no nos detenemos a hacer una retrospectiva para identificar oportunidades de mejora.
    • La cultura se demuestra en cómo manejamos los errores y la retroalimentación.
      Corregir con cuidado y claridad fortalece tanto la cultura como los resultados.

    Les exhorto a que compren un LEGO y lo construyan en familia o con su equipo de trabajo. Es una excelente dinámica para desarrollar trabajo en equipo, entender dependencias, visualizar el impacto de nuestras decisiones y reforzar la importancia de la ejecución colectiva.

    No todos los sets están diseñados para construcción colaborativa; deben buscar aquellos que en la aplicación indiquen la opción “Build Together.”

    La confianza impulsa el aprendizaje, y el aprendizaje colectivo fortalece la ejecución.

    Para cerrar, aquí les comparto el resultado final de nuestro LEGO de Stitch en un stop motion que hizo el pequeño de la casa.

  • Pertenecer sin Dejar de Ser

    Pertenecer sin Dejar de Ser

    “[if I was a man]

    They wouldn’t shake their heads and question how much of this I deserve

    What I was wearing, if I was rude

    Could all be separated from my good ideas and power moves”

    ~ Taylor Swift, “The Man”

    Recuerdo una conversación que tuve con mi querida amiga Enid Vargas. La habían invitado a participar en un evento de mujeres líderes y quería incluir en su presentación algún quote mío, ya que en aquel momento era presidenta o pasada presidenta del Project Management Institute, Capítulo de Puerto Rico.

    Le compartí que mi aspiración era que llegara el día en que no tuviéramos que hacer foros especiales para mujeres. Que no necesitáramos espacios diferenciados porque fuéramos tratadas como iguales en la sociedad y en el entorno laboral.

    Aunque sigo teniendo la aspiración de que seamos tratadas como semejantes, he repensado la idea de no necesitar este tipo de foros. Hoy pienso que es justo y necesario reconocer a la mujer por el camino recorrido y por todo lo que ha logrado y, más que eso, que estos foros inspiren a otras mujeres a seguir luchando por sus metas.

    No necesitamos más que ir algunos años atrás y mirar la historia para ver los logros que han alcanzado algunas mujeres y las brechas que han cerrado.

    Kathrine Switzer fue la primera mujer en correr oficialmente el Maratón de Boston en 1967, inscrita como “K. V. Switzer”. Cuando un organizador intentó sacarla físicamente de la carrera, no se bajó. Terminó. Cinco años después, el maratón abrió la categoría femenina.

    Mary Winston Jackson fue la primera mujer afroamericana ingeniera en la NASA. Tuvo que solicitar autorización judicial para asistir a clases en una escuela segregada para poder cualificar como ingeniera.

    Mujeres como Penny Chenery, propietaria de Secretariat, ganador de la Triple Corona en 1973. En un ambiente dominado por hombres, Penny sostuvo la finca familiar cuando pocos creían en ella.

    En mi casa se ríen porque cada vez que vemos Secretariat se me salen las lágrimas cuando gana “Big Red”. No a veces. ¡Siempre! Más que la carrera, me conmueve e inspira la historia de esa mujer que, en contra de expectativas familiares y sociales, se mantuvo firme. Fue auténtica. Creyó en su visión. Y ganó. Ese momento no fue suerte. Fueron años de convicción.

    En nuestra cultura latina también hemos visto cómo el rol de la mujer puertorriqueña ha ido evolucionando.

    Sonia Sotomayor, nacida en el Bronx de padres puertorriqueños, es la primera mujer latina en la Corte Suprema de Estados Unidos.

    La Dra. Antonia Coello Novello, nacida en Fajardo, Puerto Rico fue la primera mujer y persona hispana en servir como Cirujano General de los Estados Unidos.

    Y en un rol más cercano, la Ing. Eileen Vélez, colega a quien estimo y admiro mucho, fue la primera mujer en ocupar la Secretaría del Departamento de Transportación y Obras Públicas de Puerto Rico, un sector históricamente masculino.

    Cada una de ellas estuvo sola en algún momento. No porque quisiera estar sola, sino porque alguien tenía que ser la primera.

    La conversación sobre el rol de la mujer en la sociedad varía según el país, la industria y la organización. No puedo generalizar. Solo puedo hablar desde mi experiencia.

    Hace poco estuve en Buenos Aires, ciudad que amo, y en un restaurante donde se estaban llevando a cabo múltiples reuniones de negocio me llamó la atención que, en la mayoría de las mesas, no había ni una mujer. En las pocas donde había presencia femenina, era una sola.

    Cuando fui presidenta del capítulo, nos invitaban a eventos de mujeres líderes con el propósito de motivar e inspirar a más mujeres a postularse a puestos de liderato en los capítulos de Latinoamérica.

    Puerto Rico ha avanzado mucho, pero todavía hay camino por recorrer. Cuando hablamos de igualdad es importante entender que no somos iguales a los hombres en el sentido de ser idénticos. Somos diferentes. Y esa diferencia es precisamente la razón por la cual necesitamos ambas perspectivas en la mesa donde se toman decisiones. La magia ocurre cuando esas perspectivas se complementan.

    En ambientes donde nos toca ser la minoría, podemos sentir la tentación de tratar de encajar y dejar de ser auténticas por intentar ser como el resto del equipo. Pero es clave entender que son nuestras diferencias las que traen valor a la mesa.

    Brené Brown nos dice que “belonging is a practice that requires us to be vulnerable, get uncomfortable, and learn how to be present with people without sacrificing who we are”.

    Eso es clave.

    Cuando entramos en espacios dominados por hombres, o en cualquier ambiente donde somos la minoría, no podemos esperar sentirnos cómodas automáticamente. Pero tampoco podemos intentar encajar perdiendo nuestra esencia.

    He vivido varias experiencias siendo la minoría.

    Cuando decidí estudiar Ingeniería Civil, recuerdo que en las clases de concentración éramos aproximadamente dos mujeres en un salón de treinta estudiantes. Una vez, un profesor llegó con una lámina proyectada mostrando un estacionamiento exageradamente iluminado y ancho y dijo que era el nuevo diseño “para mujeres”. En aquel momento me propuse sacar A en aquella clase. No podía controlar el comentario, pero sí mi ejecución. En la clase de aquel profesor, que tenía fama de no dar A, obtuve una A y terminó siendo uno de mis profesores favoritos de la carrera.

    Más adelante, en mi bachillerato, me enteré por amistades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez sobre una oportunidad de research en Purdue. Mi primer pensamiento fue: “Eso no es para mí”. No era del Colegio y no me lo habían ofrecido directamente. Luego de pensarlo bastante, apliqué y fui aceptada.

    De aproximadamente 200 estudiantes del programa, éramos nueve puertorriqueños, de los cuales eran ocho del Colegio y yo, de la Universidad Politécnica de Puerto Rico. En aquella oportunidad terminé siendo reconocida entre los mejores research posters del programa.

    Experiencia que me preparó luego para mis estudios postgraduados, en la que no solo era la única puertorriqueña, era la única hispanohablante.

    Años más tarde, en 2022, entré al programa Goldman Sachs 10,000 Small Businesses gracias a la recomendación de mi querida amiga Carla Sánchez Silva. Recuerdo que alguien comentó: “te deben haber escogido porque eres mujer y latina y tienen que cumplir una cuota”. Cuando alguien hace un comentario como el del estacionamiento o como este, minimizando nuestros logros y/o capacidades, tenemos la tendencia de preguntarnos si realmente debemos estar aquí. Ahí es donde muchas veces aparece el síndrome del impostor haciendo que te cuestiones: “¿Qué hago aquí?”

    Jemma Roedel nos explica en su libro She Thinks Like a Boss: Leadership que el síndrome del impostor es “a way of thinking that downplays our skills and makes us feel like a fraud. As though we don’t belong and do not deserve to be where we are.”

    Así, al igual que muchas otras mujeres, he estado en estas y en muchas otras situaciones donde he sido la minoría. Pero no estamos ahí por error. Estamos ahí abriendo camino. Cambiando la historia.

    ¿He sentido síndrome del impostor? Claro que sí.
    ¿Me he preguntado qué hago aquí? Muchas veces.

    Para abrir camino, tenemos que estar cómodas siendo las primeras.
    Cómodas sabiendo que no siempre vamos a encajar.
    Cómodas sabiendo que vamos a ser diferentes.
    Y entender que diferente no significa inferior. Significa complementario.

    Hoy formo parte del equipo ejecutivo de Provider-PR, donde soy la única mujer y la menor del equipo. Y aunque no es fácil ser la única, me siento afortunada de pertenecer al equipo al que pertenezco, donde cada uno aporta algo único al resultado final.

    A ti, mujer que me lees, quiero decirte esto:
    Confía en ti.
    Sé fiel a ti misma.
    Confía en tu conocimiento y en lo que traes a la mesa.

    Si tú y tu colega trajeran exactamente lo mismo, uno de los dos sobraría. Y no es así.

    También quiero decir algo importante: apoyémonos entre nosotras. A veces vemos más competencia interna que apoyo. A veces somos más duras entre mujeres que lo que son los hombres.

    No compitamos por espacio.
    Construyamos espacio.

    Y sí, somos diferentes. Y eso está bien. Que un hombre sea caballeroso no nos hace menos fuertes. Que nosotras tengamos atención al detalle no nos hace menos estratégicas.

    La aspiración no es ser iguales en todo.
    Es tener el mismo derecho a sentarnos en la mesa.

    Eso nos dice algo. Queda mucho camino por recorrer.

    Dicen que somos el resultado de las cinco personas que nos rodean. Asegúrate de que al menos una de esas personas sea una mujer que te inspire, que esté cómoda siendo la única, que no se conforme con el status quo.

    Y si hoy te toca ser la única en la mesa, recuerda esto: Tu presencia no es casualidad. Estás abriendo el camino para otras.

    Key Takeways:

    • La igualdad no significa ser idénticos, significa tener el mismo derecho a sentarnos a la mesa. Nuestras diferencias enriquecen las decisiones y fortalecen los espacios donde participamos.
    • Abrir camino requiere valentía para ser diferentes, incluso cuando eso implique incomodidad.
    • El progreso no se trata de competir por espacio, sino de construir espacio para otras mujeres.
    • Cuando una mujer ocupa un espacio donde antes no había representación, no solo avanza ella; también amplía el camino para las que vienen detrás.
  • Descubre el secreto del Mindful Multitasking

    Descubre el secreto del Mindful Multitasking

    Tengo un recuerdo de mi niñez sentada en el family room en casa de mi abuela haciendo una asignación de matemáticas en una mesa plegadiza mientras veía mis muñequitos. Mientras disfrutaba de algún episodio, probablemente de los Jetsons, y hacia los problemas impares del material que habíamos cubierto ese día en la escuela, llegaba mi tío del trabajo nuevamente a decirme que uno no debía hacer las asignaciones viendo televisión. Ahora que soy madre le doy la razón, pero en aquel momento le decía “tío, es matemáticas”, como diciendo: “esta si la puedo hacer mientras veo tele”.

    En aquella época, no se hablaba del mindfulness pero sin asignarle una terminología, eso era lo que mi tío me quería decir. Que debía hacer mis asignaciones enfocada y estando presente en eso y solo eso, y que los muñequitos eran un distractor como lo es ahora el Social Media, YouTube, entre muchas otras cosas.

    En la última década, el término mindfulness cada vez toma más importancia. Para los que no estén familiarizados, mindfulness es la focalización de la atención en el momento presente. Es un método para conseguir la atención plena, centrándonos en lo que está sucediendo “aquí y ahora”, aceptando sin más, sin intentar cambiar, ni juzgar nada. Su significado es plena consciencia. Concentrarse en lo que sucede en nosotros y en nuestro alrededor y saber renunciar al ruido y a las distracciones”.[i]

    Algunas publicaciones definen mindfulness como lo opuesto a multitasking, lo cual es definido por el Cambridge Dictionary como la habilidad de realizar diferentes tareas a la misma vez[ii] Aunque la capacidad de multitask en ocasiones se identifica como una fortaleza, en los últimos años, se han realizado varias publicaciones e investigaciones sobre su impacto negativo en la productividad y la memoria. ¿Qué significa esto? ¿Qué ahora tenemos que vivir una vida mindful ? ¿Qué tenemos que estar 100% presente en todo lo que hagamos? En teoría, eso suena como la manera óptima de vivir, ¿pero es realista? Si al igual que yo tienes tareas de mamá (o papá), de hij@, tareas caseras, tienes un trabajo, quieres tener una vida saludable, compartir con tu pareja y hacer ejercicios; hacer todas tus tareas de manera mindful suena como algo idealista.

    Así que, reconociendo que multitasking no es la mejor manera de hacer nuestras tareas, pero siendo realistas en todo lo que tenemos y queremos hacer se me ocurre que hagamos un ejercicio que podemos llamar «mindful multitasking«. Esto no es otra cosa que conscientemente escojamos en cuáles asuntos vamos a hacer multitasking . “Tío, es matemáticas”. En mi caso, las matemáticas eran la materia fácil por lo que a mi corta edad entendía que cuando comenzara a hacer los demás deberes debía apagar la televisión y concentrarme. De la misma manera, este proceso que les sugiero hoy es individual para cada uno de nosotros.

    A continuación, les hablo de algunas tareas que he encontrado que en ocasiones puedo solapar sin sacrificar su objetivo y otras que el multitasking no debería ser una opción:

    Tareas Caseras

    A menos que quieras tener toda la experiencia mientras friegas, cocinas, doblas ropa, pasas la aspiradora y quieras disfrutar cada momento del proceso, estas serían tareas que podemos hacer mientras nos instruimos. Una excelente manera de sacar provecho de este tiempo es escuchar un audiobook. En una casa donde los varones predominan y con ellos el fango, los deportes y la acción; es esencial aprovechar cada minuto, así que no les sorprenderá verme con una mascarilla, escuchando un libro y doblando la ropa de la semana. ¡Ojo! Esto no reemplaza los momentos de sentarme a leer un libro y a relajarme con el propósito de recargar energía. Para eso es importante sacar tiempo.

    Actividades Físicas

    Una caminata es un perfecto momento para devolver las llamadas del día o enviar algún mensaje de voz. Estas son tareas que muchas veces hacemos al final del día cuando llevamos todo el día sentados. En vez de pararnos y caminar, continuamos sentados haciendo estas últimas tareas del día. Como mencioné arriba, cada uno es diferente y cada uno debe escoger en qué tareas quiere hacer multitasking. Si la caminata del día es tu único momento de “silencio” que dedicas para ti, pues no recomendaría estar haciendo llamadas durante este tiempo, en ese caso este sería de los momentos del día que debes estar mindful. Todo, como en los proyectos, va a depender de cuál es el objetivo de la tarea.

    Igual con las corridas, el que me conoce sabe que me gusta ir en las mañanas a correr. Esta es una tarea que la mayoría de las veces la hago mientras escucho un libro o un podcast. En estos días, me pueden ver parar, sacar mi celular y hacer algunas notas de lo que acabo de escuchar. De la misma manera, hay días y horas que si no voy al son de Daddy Yankey o Maroon 5, no llego. Si no estás entrenando y estas corriendo con el objetivo de comenzar mejor tu día y estar más saludable, ¿por qué no escuchar un podcast? Si tienes un evento próximamente o estás en tu día de repeticiones, es momento de estar 100% enfocado en lo que estás haciendo. De la misma manera, si estás estudiando para una reválida o una certificación. Esta probablemente no sea la mejor manera de estudio. Todo depende de tu objetivo.

    Reuniones

    En el blog “Reuniones Productivas: ¿Cantidad o Calidad?» menciono el mindfulness como uno de los puntos claves para tener mejores reuniones. El estar “aquí y ahora” hace que seamos más eficientes evitando malentendidos y retrabajo. De la misma manera, el estar consciente de dónde está nuestro enfoque, nos ayuda a percatarnos fácilmente cuando la mente se nos va de nuestro presente, lo que nos permite reaccionar y regresar al “aquí y ahora”. Siempre van a ocurrir reuniones que estamos como opcionales y que quizás podemos realizar alguna tarea simultánea, pero en la mayor parte de los casos debemos de hacer un esfuerzo por estar completamente presente. Si estás pensando que hay reuniones que lo que hablan no tiene que ver contigo o no te impacta quizás deberíamos repensar si en vez de tratar de hacer multitasking, deberías buscar la manera de excusarte de dicha reunión.

    He escuchado de varias personas que me han dicho que, para enfocarse mejor, tienen que estar haciendo otra cosa, por ejemplo, estar scrolling down social media o jugando con algo y he sido testigo que es así. Cada uno es un mundo, pero yo puedo hablar por mí, si yo estoy en una reunión o en una conversación, en el momento en el que bajé la cabeza a contestar algo en mi celular, “me fui”, si es una conversación 1-1 prefiero decir: “dame un momento que tengo que contestar este mensaje”.

    Compartir con familiares, amigos & colegas

    Hay momentos que el multitasking no debe ser una opción. En mi casa, el momento que nos sentamos los cuatro a comer en las noches es probablemente el único momento del día durante la semana en el que estamos los cuatro juntos. Es en ese momento que nos enteramos si fue un día bueno o no tan bueno. A Sebastián, mi hijo menor, le gusta hacer una dinámica de que cada uno conteste que fue lo más que le gustó de su día y algo que no le gustó. A veces por estar contestando un mensaje que bien pudiese esperar 30 minutos nos perdemos de una historia maravillosa.

    De la misma manera, ¿cuántas veces has ido a un restaurante y miras a tu alrededor y la mayoría de las personas están mirando su celular sin ninguna interacción entre ellos? Esos son los momentos que debemos poner a un lado los distractores y concentrarnos en el presente, en el ahora.

    Reconocer el valor del mindfulness no significa que ahora el multitasking tiene que ser nuestro enemigo. No lo veo como antónimos, al contrario, lo veo como dos herramientas que debemos conocer y saber cuándo aplicarlas. La clave está en siempre, conocer nuestro objetivo y conscientemente escoger si en la actividad que estamos llevando a cabo, deberíamos estar en nuestro 100%.

    Si piensas en tu día, ¿qué actividades crees que puedes solapar o quizás qué actividad puedes añadir a alguna que ya haces? Y todavía más importante, ¿en qué actividades reconoces que actualmente no participas plenamente y te propones que ahora estarás conscientemente buscando estar “ahí y ahora”?

    [i] Castro, Sonia. Qué es el Mindfulness: ¿Es lo mismo que meditar? https://www.iepp.es/que-es-el-mindfulness/

    [ii] Multitasking. Cambridge Dictionary. https://dictionary.cambridge.org/dictionary/english/multitasking

  • No dejes que pase el año sin revisar tu plan estratégico

    No dejes que pase el año sin revisar tu plan estratégico

    Un día, Alicia llegó a un tenedor en el camino y vio un gato en un árbol.

    “¿Qué camino tomo?” ella preguntó.

    Él respondió con otra pregunta:

    «¿A dónde quieres llegar?»

    “No importa mucho el sitio”, respondió Alicia.

    “Entonces,” dijo el gato,

    «tampoco importa mucho el camino que tomes.»

    ~ Lewis Carrol, Alicia en el País de las Maravillas

    Si no sabemos a donde queremos llegar o cual es la meta de la organización, todos los programas, proyectos e iniciativas pueden parecer tener la misma prioridad. Parte fundamental de la eficacia de los proyectos es que estos estén alineados a la estrategia de la compañía.

    Muchas organizaciones están conscientes de esta realidad. Durante los meses de noviembre y diciembre invierten tiempo y muchas veces recursos externos en estos ejercicios. Evalúan donde están y que quieren lograr en el próximo año. El problema está en que se caen en la ejecución. Algunos fallan en comunicar estas metas a toda la organización y otros, comienzan el año con mucho entusiasmo, pero a la que se acerca el primer tropiezo, el día a día o lo que muchos conocemos como el “apagar fuegos”, el plan va perdiendo prioridad e importancia. En poco tiempo este plan pasa a ser un documento más y no se revisita en el resto del año.

    El plan estratégico debe ser alcanzable, pero retante; tiene que mantenerse vivo y relevante. Este debe comunicarse a toda la organización y debe ser la base de la toma de decisiones. El mismo debe pasarse a los objetivos operacionales y debe revisitarse al menos una vez al año. Vivimos en un mundo cambiante, donde todos los días aparecen nuevos factores que inciden sobre nuestros planes y acciones. El plan es una guía y la misma se atempera a las nuevas realidades de la organización o del proyecto. Por esto la importancia de su revisión.

    Recuerdo cuando en noviembre del 2019 trabajé un ejercicio de Planificación Estratégica con un cliente. Poco sabíamos lo que el COVID-19 ocasionaría. En aquel momento había una realidad, y la planificación estratégica y las proyecciones del 2020 se hicieron basados ella. Si hubiésemos esperado al final del 2020 para revisar el plan, nos hubiésemos encontrado con una documentación prácticamente inservible. Por lo contrario, cuando hicimos nuestro ejercicio de revisión, el plan se atemperó a la realidad actual de aquel momento. Apareció el COVID-19 como una amenaza identificada en el análisis. Proyectos como la telemedicina, poder mover y medir una operación que estuviese 100% virtual y la salud de la empleomanía pasaron a ser la prioridad.

    El COVID-19 presentó muchos cambios, pero teníamos estos ejercicios que nos permitieron sentarnos nuevamente con el drawing board y atemperar el plan a la realidad que se vivía en ese momento.

    Hay varios métodos de planificación estratégica. SWOT Analysis (FODA en español) definitivamente es uno muy utilizado. Aunque es muy conocido, lo explico brevemente para beneficio de los que no estén familiarizados con este tipo de análisis. El mismo consiste en documentar en cuatro cuadrantes las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas. Arriba se documentan los factores internos y abajo y los factores externos.

    Para este ejercicio es altamente recomendable que tengamos a la mano la siguiente información:

    • Estados Financieros
    • Resultados de Métricas Operacionales
    • Noticias externas que puedan impactar (positiva o negativamente) la organización.

    El SWOT Analysis es excelente porque nos da un retrato de donde estamos actualmente. El error de muchas organizaciones es que dejan el ejercicio hasta ahí. El próximo paso es: ¿Cómo llevamos este retrato a una estrategia?

    Durante mi maestría en Gerencia de Proyectos, el Prof. William H.A. Johnson, a quien luego tuve el honor de invitar a una charla mensual del Project Management Intitute, Capítulo de Puerto Rico nos mostró el eslabón que le faltaba a este análisis; el TOWS Analysis. Luego de identificar nuestras fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas, tenemos que trabajar un plan de acción. El TOWS nos ayuda a crear la estrategia que vamos a llevar a cabo con los factores que identificamos en el SWOT.

    Los autores del libro “Project Strategy and Strategic Portfolio Analysis” nos detallan como trabajar dicha matriz y nos explican lo siguiente:

    • Primer cuadrante (SO o maxi-maxi): ¿Cómo voy a utilizar las fortalezas internas para tomar ventaja de las oportunidades externas?
    • Segundo Cuadrante (WO o maxi-mini): ¿Cómo puedo sacar ventaja de las oportunidades externas para superar o mejorar las debilidades internas?
    • Tercer Cuadrante (ST o mini-maxi): ¿Cómo voy a utilizar las fortalezas internas para prevenir o reducir el impacto de amenazas externas?
    • Cuarto cuadrante (WT o mini-mini): ¿Qué estrategia podemos desarrollar que nos ayudará a reducir debilidades internas y prevenir amenazas externas?

    Luego de completar el TOWS, convertimos estas estrategias en un plan de trabajo, proyectos potenciales y acciones ejecutables. Se asignan fechas basado en las prioridades de la organización. Este proceso se trabaja en la Planificación Estratégica Anual y se debe revisitar al menos a mitad de año para evaluar su progreso y si así lo amerita, hacer los ajustes necesarios basados en la realidad actual.

    Este es solo un método de Planificación Estratégica, pero hay varios que se pueden utilizar para este propósito. Como en la gerencia de proyecto, la clave está en la comunicación y en el control y monitoreo.

    ¿Trabajaste un Plan Estratégico para el 2023, pero aún no has hecho tu mid-year review? Aún no es muy tarde. Organiza un espacio con tu equipo y discutan el estatus y la relevancia de las metas que se propusieron en diciembre. ¿No trabajaste un plan para 2023 y te preguntas si debes esperar hasta 2024 para comenzar? No esperes, reúne a tu equipo y trabajen una planificación para los últimos meses del año. Este proceso les servirá además para cuando hagan el ejercicio para el próximo año. Recuerda, “By failing to prepare you are preparing to fail” ~ Benjamin Franklin

  • ¡Ajusta el lente y sigue mejorando!

    ¡Ajusta el lente y sigue mejorando!

    Creo que en mi último año de escuela superior tuve una conversación con mi hermano mayor en la que me dijo que la carrera que decidiera estudiar iba a definir como veía todo en la vida. De forma jocosa, le pregunté que como él me veía a mí, siendo ya ingeniero civil. Me respondió, riéndose, que me veía como una varilla de acero, que no tuerce ni de casualidad. (En esos últimos años de nuestra segunda década podemos llegar a ser un tanto complicados y no muy flexibles). Esta conversación se quedó conmigo. Quizá él ni la recuerda ya, pero siempre que alguien presenta un punto de vista recuerdo que lo está viendo desde su lente.

    Un ejemplo sencillo para entender esta perspectiva sería el proceso de la coordinación de una fiesta. El contable está pendiente de los costos, mientras el abogado piensa en cualquier riesgo legal o liability que pueda suceder, las personas con carreras creativas ponen atención a otros detalles como: crear el ambiente, la decoración y que la gente se sienta a gusto. El gerente de proyecto, ya saben, quiere lograr que se haga en un costo razonable sin ningún riesgo legal, que salga a tiempo, que quede lindo y que la gente se sienta a gusto.

    Con el pasar de los años he aprendido que esto no es una camisa de fuerza y que muchas personas tienen la habilidad de tener varios lentes, que probablemente han ido desarrollando con las canas y con las diferentes lecciones que les ha dado la vida. Pero en general, aquellas conclusiones de mi hermano aún tienen vigencia.

    Yo no soy la excepción, siendo ingeniera y gerente de proyectos puedo llegar a tener un lente un tanto cuadriculado. El que me conoce sabe que en muchas ocasiones menciono que la gerencia de proyectos no es una carrera sino un estilo de vida. En la mayoría de las ocasiones lo considero algo positivo, pero me he encontrado en situaciones no relacionadas al ambiente profesional donde la expectativa de como se deben trabajar las cosas me puede ocasionar cierta frustración. Esto es algo que he conversado con otros gerentes de proyecto y hemos llegado a la conclusión que es el síndrome de que pretendemos que todo se trabaje con la estructura de un proyecto. El gerente de proyecto tiene lente abarcador, pero de altas expectativas, lo que en ocasiones puede provocar decepción. Brené Brown en su última publicación “Atlas of the Heart” nos define decepción de la siguiente manera “Diasappoinment is unmet expectations. The more significant the expectations, the more significant the disappointment.”

    La primera vez que fui a un Student Led Conference de Pablo, mi hijo mayor, me llevé una grata sorpresa. Para los que no estén familiarizados con el término, es como una reunión de padres y maestros, pero es el niño el que te muestra los trabajos que ha realizado, hace algunos ejercicios y te habla de lo que ha estado aprendido durante el semestre. Dentro de todos los trabajos, dibujos y demás documentos, había una hoja que Pablo había llenado que se titulaba “Glows & Grows” y en ella mi hijo había escrito en cuales cosas se había destacado en su semestre escolar y cuales cosas debía mejorar. “WOW” pensé, “Pablo está haciendo un ejercicio de lecciones aprendidas al final de su semestre”. Como se imaginarán no le mencioné a nadie el término de lecciones aprendidas para que no fuera a pensar que la mamá de Pablo estaba media loca. Con escuchar sus grows, él mismo me decía las cosas que necesitaba trabajar y por ende las cosas en las que nosotros lo podíamos apoyar. En nuestro caso, que nuestro fuerte son las matemáticas y las ciencias, los grows mayormente están atados a la escritura y la lectura, algo que no ha cambiado con las Glows & Grows de mi hijo menor que recientemente completó el primer grado.

    Luego de esa sesión busqué un poco por internet y vi que muchos maestros de elemental incorporan este proceso de evaluación. En algunas ocasiones lo completa el maestro y en otras ocasiones los completa el estudiante. Ambos métodos tienen muchísimo valor.

    Se preguntarán porque menciono todo esto. En estas últimas semanas he estado pensando con qué lente miramos los ejercicios de lecciones aprendidas. Muchas veces lo vemos como un ejercicio puramente de proyectos. La séptima edición de la Guía de los Fundamentos para la Dirección de Proyectos (Guía del PMBOK®), nos dice que “una reunión sobre las lecciones aprendidas se utiliza para identificar y compartir los conocimientos adquiridos durante un proyecto, fase o iteración con el objetivo de mejorar el desempeño del equipo del proyecto. En esta reunión se pueden abordar situaciones que se podrían haber manejado mejor, además de buenas prácticas que produjeron resultados muy favorables”.

    El objetivo es evaluar y mejorar, pero a veces, en vez de ver estas sesiones como esa posibilidad de discutir cómo nos fue, en que cosas nos fue bien y en qué cosas tenemos espacio para mejorar; lo vemos como una sesión que hacemos al final de los proyectos en que se discute todo lo que hicimos mal. Por más amena y dinámica que se tratan de hacer estas sesiones, muchas veces las personas no la ven con los mejores ojos. En ocasiones queremos saber en qué podemos mejorar, pero en ese preciso momento en el que recibimos la retroalimentación no lo vemos de la mejor manera. Cuando el ejercicio de lecciones aprendidas incluye una evaluación de un público (ej. una conferencia o una fiesta) en ocasiones debatimos el feedback de los participantes. Decimos que queremos recibir insumo, ¿pero realmente queremos recibirlo?

    Nos invito, a mi incluida, a que seamos más como esos niños de nivel elemental que evalúan en que brillaron y en que necesitan crecer. No veamos los ejercicios de lecciones aprendidas solo para los proyectos, incorporémoslos como parte de nuestras vidas. Creemos la costumbre de hacer este proceso parte de nosotros.

    Adam Grant en su libro “Think Again: The Power of Knowing what you don’t know” nos habla de Ron Berger, un maestro de Massachusetts que es reconocido por sus colegas por la importancia que le da a la habilidad de repensar las cosas. Él nos dice que en su experiencia “mastering a craft is about constantly revising our thinking”. Además, nos redefine el término calidad como ese proceso de continuamente repensar, retrabajar y depurar.

    Quizás para los niños es un ejercicio más sencillo porque a su corta edad saben que no lo saben todo, que aún les queda mucho por aprender y están ansiosos por todo lo que les queda por descubrir en la vida. Para nosotros los adultos, es más difícil, creo que es por la expectativa que tenemos de nosotros mismos de que tenemos que tener la contestación para todo. En lo ejercicios de lecciones aprendidas nos reclamamos por las cosas que pudieron ser mejor. Pero de eso se trata el mejoramiento continuo. De no quedarme en el qué dejé de hacer sino como lo puedo hacer mejor la próxima vez.

    Yo por mi parte me di a la tarea de luego de 20 años preguntarle nuevamente a mi hermano como me veía. Esperando salir de la categoría “varilla de acero” me sorprendió positivamente su respuesta “Si hablamos de varillas, ya no te veo como esa varilla #12 que no flexiona, sino como una #4 que es mucho más moldeable, pero no pierde su resistencia ni su esencia”. No les puedo asegurar cual es el número de varilla óptimo, pero de algo estoy segura, todavía me queda mucho por pulir para brillar, mucho por aprender y mucho por crecer.

  • Reuniones Productivas: ¿Calidad o Cantidad?

    Reuniones Productivas: ¿Calidad o Cantidad?

    Muchas veces buscamos herramientas de manejo de tiempo con el propósito de lograr acomodar la mayor cantidad de cosas en las 24 horas del día. En ocasiones nos preguntamos cómo hay personas que tienen tiempo para hacer tantas cosas.

    En la reflexión El frasco de la vida, publicada hace algunos años en YouTube, un profesor de filosofía nos dice que el éxito que tengamos en nuestra vida dependerá de cómo manejemos nuestro tiempo y nos explica por qué.

    En la reflexión utiliza una jarra para explicarnos que las cosas importantes en la vida (familia, salud, aspiraciones) debemos colocarlas primero, esto lo representa con unas bolas de golf. Luego, llena la jarra de piedras, que significan las otras cosas importantes como: el trabajo, el carro y la casa. Posteriormente, utiliza la arena para hacer mención del resto de las cosas que ocupan nuestro tiempo, pero que no son importantes. Nos explica que, si acomodamos primero las piedras y la arena, no nos quedará espacio para las bolas de golf, pero si acomodamos las bolas de golf primero, luego vamos a encontrar el espacio para las piedras y la arena.

    Muy sabiamente termina su reflexión diciéndonos que no importa cuán ocupada parezca nuestra vida, siempre hay espacio para pasar un rato con un buen amigo.

    ¿Como traducimos esto a nuestras tan ocupadas vidas, en la que nuestros días parecerían comenzar y terminar con reuniones?

    Muchas veces tratamos nuestros días como una naranja, sacándole el jugo a cada minuto y segundo. Cuando ya parecería que nuestro día está al cien por ciento ocupado, buscamos los espacios que ya no quedan y tratamos de solapar actividades. Colocamos llamadas durante el tiempo que estamos comiendo, en el carro, en la práctica de nuestros hijos, mientras estamos en el supermercado y durante otras actividades.

    ¿Cuántos han terminado una jornada laboral luego de haber atendido reuniones todo el día y pensando que su día no fue productivo? En ocasiones evaluamos este tipo de días y pensamos que algunas de esas reuniones se pudieron resolver con un correo electrónico. En otras, te das cuentas de que no tenías que estar en la reunión, y a algunas de ellas les dedicaste tan poco tiempo que no pudiste lograr su objetivo. Cuando nos preguntamos sobre en qué cosas podemos mejorar para ser más productivos, definitivamente debemos explorar cuándo, cómo y por qué tenemos reuniones.

    ¿Cuándo tenemos nuestras reuniones? Algo que debemos preguntarnos es, ¿tenemos control de nuestro calendario o nuestro calendario tiene el control de nosotros? Aunque sí, debemos tener un balance entre, establecer límites y ser lo suficiente flexible para poder cumplir los objetivos, es importante que nos sintamos en control de nuestro calendario. ¿A qué me refiero con esto? Muchas veces el resto del universo tiene el control de nuestros días, la semana va tomando forma (o perdiendo la misma) según las personas nos van enviando invitaciones y cuando nos venimos a dar cuenta perdimos el control de nuestra semana y de nuestro tiempo.

    Cada persona es un mundo. Todos tenemos necesidades diferentes por lo que el calendario “one size fits all” no existe. Por eso les comparto algunas de mis prácticas que entiendo pueden ayudarle a estructurar su calendario con sus necesidades particulares:

    – Actividades Personales – ¿Que actividades personales quieres incorporar en tu calendario? ¿Quieres hacer ejercicios, tener almuerzo con un amigo, asistir a una charla de educación continua, visitar a tus padres, llevar a tu hijo a una práctica, entre otras cosas? En mi caso, colocar estas actividades en el calendario (aun cuando sean en horarios fuera de horas laborables), me ayuda a programar mi vida laboral alrededor de las cosas que son importantes para mí. Es el proceso de crearnos límites dentro del calendario. Esto no significa que son límites de hierro y que en ocasiones tendremos que alterar, pero nos ayuda a organizarnos.

    – Días & Horarios de Reuniones – En mi experiencia, y esto puede funcionar diferente para cada persona, me ayuda tener espacios, bloques de horas libres para poder trabajar en mis pendientes sin interrupciones. De la misma manera me resulta que los espacios de 1 hora entre reuniones no me dan esa oportunidad porque cuando llego a ese momento en el que me siento productiva y enfocada, casi tengo que entrar a otra reunión. Trato de separar bloques en mi calendario para programar reuniones, durante estos espacios las reuniones son bastante corridas, pero siempre que es posible dejo 15 minutos entre reuniones. No les miento, es agotador, pero es mi manera de acomodar el calendario para poder tener esos otros días de bloques sin interrupciones para documentar, crear e innovar.

    La otra práctica que me ayuda, en términos de horarios, es que trato de no citar reuniones los lunes a primera hora o los viernes luego de las 3 de la tarde. Los lunes en la mañana las personas llegan a organizarse y a atender su lista de prioridades, además de que las áreas operacionales suelen ser agitadas los lunes en la mañana. Los viernes en la tarde la mayor parte de la gente está explota’ por lo que las reuniones tienden a ser menos productivas.

    – Reuniones virtuales vs. presenciales – Seamos estratégicos sobre cuales reuniones deben ser presenciales y cuales reuniones podemos tenerlas virtuales. Por aquí les incluyo algunos de mis Rule of Thumb:

    • Reuniones de 30 minutos o menos normalmente pueden ser remotas.
    • Temas críticos o de escalamiento de “issues” deben ser presenciales.
    • Sesiones de Trabajo preferiblemente deben ser presenciales, pero si el equipo está comprometido, ya hay muchas herramientas que facilitan estas sesiones de manera virtual. Actualmente uso Miro y he utilizado Conceptboard.
    • En lo personal, no me gustan las reuniones donde está parte del equipo de manera remota y la otra mitad presencial, se crean conversaciones en la parte presencial que el equipo virtual pierde.

    ¿Por qué tenemos reuniones? ¿Cuántos han tenido la experiencia de que las reuniones van cayendo en nuestro calendario como meteoritos, nadie nos notifica, simplemente siguen apareciendo, y en un abrir y cerrar de ojos, nuestra semana está completamente comprometida? A veces nos citan a una reunión y no sabemos por qué y lo peor es que luego de terminada la reunión, con frecuencia nos damos cuenta de que nuestra participación no era necesaria. Como parte de tener el control de nuestro calendario, validemos la necesidad de nuestra participación en las reuniones que nos citan. No es decir que no, es darnos a la tarea de ver si nuestra participación es necesaria. ¿Es algo que podemos delegar? ¿En un tema que con una llamada de 5 minutos se resuelve? Si en efecto, debemos participar de la reunión, ¿esa hora es factible para nosotros? Esto es algo que no siempre vamos a poder acomodar, pero siempre debemos tener en mente nuestros límites y no tener miedo de hacer “pushback” y pedir otras posibilidades de horarios. En la mayoría de las ocasiones, se pueden ajustar un poco estos horarios.

    ¿Cómo llevamos a cabo nuestras reuniones?

    Además de cuándo y por qué tenemos reuniones, debemos evaluar el cómo tenemos las mismas.

    Con relación a esta logística, mucho se ha escrito y hay varias metodologías. Por ejemplo, Jeff Bezos, presidente ejecutivo de Amazon es conocido por separar la primera parte de la reunión para que los participantes lean la documentación de lo que se estará discutiendo. Aunque el método de correr reuniones puede varias de compañía en compañía, aquí comparto algunos puntos generales que pueden serles útiles:

    • Agenda – a menos que sea una reunión citada para informar un “merge”, una compra de una compañía, o algún otro anuncio ejecutivo; todos debemos llegar a las reuniones sabiendo para que vamos. No podemos esperar tener reuniones productivas si las personas llegan sin saber de qué se va a hablar. No hablo de crear un documento formal, muchas veces simple is better, con unos bullets en la invitación es suficiente para que las personas conozcan para que se les está citando y puedan ir preparados a la misma. Si se va a discutir un documento, debemos incluirlo en la invitación y darle la oportunidad a las personas para que lo verifiquen antes de la reunión. No todos analizamos la información con la misma rapidez.
    • Puntualidad – Este es un factor que en lo personal vivo batallando. Aunque siempre aviso si estoy atrasada unos minutos o si voy a necesitar reagendar, todavía me queda mucho que mejorar en esta área. Debemos respetar el tiempo de los demás. Si vemos que no vamos a poder asistir a una reunión o que vamos a llegar tarde, dejémoslo saber. No dejemos a las personas esperado sin previa anticipación. De la misma manera, respetemos las agendas de todos los participantes, si programamos una reunión de una hora, seamos conscientes del tiempo y terminemos la reunión a tiempo. De necesitar extender el tiempo, preguntemos si todos están disponibles, de no ser así, reagendemos otro espacio donde todos puedan participar y demos la reunión por terminada.
    • Escuchemos – Muchas veces en las reuniones y en otras sesiones de trabajo no nos damos la tarea de escuchar atentamente, “escuchamos” para contestar y en ocasiones nuestros compañeros no han terminado de expresar su idea y ya estamos argumentando porque no es una buena idea. En el libro “You’re not listening” de Kate Murphy, el cual recomiendo que todos deben leer, la autora nos dice: “To listen does not mean, or even imply, that you agree with someone. It simply means you accept the legitimacy of the other person’s point of view and that you might have something to learn from it.” Si de cada conversación tenemos la humildad de reconocer que la otra persona tiene algo que aportar y que podemos aprender; lograremos mejores resultados, conectaremos mejor con las personas y para propósitos del tema que estamos hablando, tendremos reuniones más productivas.
    • Resumir Acuerdos – Este me encanta y la utilizo siempre que es posible. Me ha ocurrido muchas, muchas, muchas, veces que cuando dos personas “entienden” que están de acuerdo en un punto y se recapitula el acuerdo una de las personas dice “No, eso no era”. Si no recapitulamos y nos aseguramos de que todos los participantes están claros de los acuerdos, las personas salen de la reunión pensando algo diferente, lo que luego provoca una cadena de inconvenientes, incluyendo reuniones imprevistas.
    • Minutas de la Reunión – Atado con el punto anterior y buscando que todos estén en la misma página, enviar notas luego de las reuniones ayuda a reforzar los puntos acordados, que cada participante esté claro de los acuerdos y los action ítems. Soy fiel pensadora de que, en el campo laboral, todos somos adultos y no se debería necesitar una minuta para que alguien que se comprometió con una tarea, la haga, pero la experiencia me ha demostrado que enviar los acuerdos luego de una reunión es muy útil y necesario. Esto también ayuda como punto de partida en reuniones subsiguientes, para que las personas que no pudieron participar estén al tanto de lo que se acordó. Y, cuando hay que ir meses y años para atrás para revisitar acuerdos podemos referirnos a las notas. Al igual que comenté en el envío de agendas, a veces pensamos en minutas como un documento formal y burocrático, esto no siempre tiene que ser así. Sí habrá reuniones en las que la formalidad sea necesaria, pero muchas veces con un correo electrónico recapitulando los acuerdos y action items es más que suficiente.
    • Be Mindful – Mucho se habla del Mindfulness, pero ¿con qué se come? ¿cómo lo aplicamos a nuestro entorno laboral? En arroz y habichuelas se trata de estar presente, pero no solo físicamente sino mental y emocionalmente. ¿Han estado en reuniones donde la mayor parte de los participantes están contestando algún email o textos? En estas reuniones se pierde muchísimo tiempo recapitulando y repitiendo preguntas ya que, aunque las personas “están allí”, realmente no están allí. ¿Te ha pasado a ti? Que alguien te escribe de otro proyecto y quieres contestar rápido, pero pierdes el hilo de la reunión en la que estás. ¿Te ha pasado que te encuentras en una reunión, pero estás pensando en algo que pasó en la reunión anterior o que se discutirá en la próxima llamada? De eso se trata el mindfulness, de estar aquí y ahora. Se trata de estar aware de nosotros y darnos cuenta cuando nuestra mente se desconecta del ahora para pensar en otras cosas. Si todos ponemos nuestro granito de arena y nos concentramos en lo que se está discutiendo en el momento, la reunión durará menos y cada participante tendrá más tiempo, que al final es lo que todos estamos reclamando.

    No se trata de poder maximizar nuestro calendario para poder tener más reuniones, ni de tener un one size fits all solution que resuelva todos nuestros problemas de manejo de tiempo, pero si se trata de adueñarnos del proceso, de entender que si perdemos el control de nuestro calendario poco a poco perdemos el control de nuestra vida. Maximicemos nuestro tiempo para poder atender nuestras responsabilidades, pero a la misma vez procuremos tener calidad de vida y hacer las actividades que son realmente importantes para nosotros.

  • Lo que nos Enseñó la Scaloneta de la Gerencia de Proyectos

    Lo que nos Enseñó la Scaloneta de la Gerencia de Proyectos

    A un mes de que Argentina se coronó como campeón del mundo, y a pesar de cual haya sido la selección de su preferencia durante todo el torneo, podemos coincidir la aplicabilidad de la gerencia de proyectos en la ejecución de este equipo. Un proyecto que comenzó hace 4 años cuando Lionel Scaloni fue confirmado como Director Técnico (“DT”) de la selección, una selección que había sido eliminada en octavos de finales en Russia 2018 y que no tenía un futuro seguro. Algunos de los factores que los llevaron a lograr este triunfo y que vale la pena resaltar son los siguientes:

    Trabajo en Equipo

    La séptima edición de la Guía de los Fundamentos para la Dirección de Proyectos (Guía del PMBOK®), describe algunos de los factores que identifican a los equipos de alto rendimiento, como: entendimiento compartido (shared understanding), propiedad compartida (shared ownership), confianza, colaboración, adaptabilidad, resiliencia y empoderamiento.

    El fútbol, al igual que otros deportes como el baloncesto y el béisbol, es un deporte en el cual el trabajo en equipo es fundamental y que, aunque siempre hay unos jugadores que sus destrezas sobresalen sobre el resto del equipo, no hay equipo que pueda triunfar con un solo jugador.

    En el caso particular del equipo argentino, aunque todos podemos coincidir que la figura de Lionel Messi fue vital, el equipo se destacó por su trabajo en equipo y por la ausencia de egocentrismo, que tanto daño hace al resultado final.

    La Guía del PMBOK®, explica que mientras más apropiación de los resultados sientan los miembros del equipo, es más probable que se desempeñen de mejor manera, esto es lo que define como propiedad compartida (shared ownership). En el caso de la selección argentina, pudimos ver esa cualidad en cada uno de los jugadores y aunque, al igual que en los proyectos, algunos tuvieron días mejores que otros, lo que hizo la diferencia fue el esfuerzo que cada uno de los jugadores hizo desde que comenzaba el partido hasta que el árbitro silbaba anunciando su final. Los defensores Nicolás Otamendi y Cristian “Cuti” Romero que, aunque no son los que se llevan la atención principal por no ser los goleadores del equipo, su compromiso y participación fue vital para el triunfo de la Argentina. elDiarioAR[2] describe a Otamendi como el héroe silencioso de la selección. El mediocampista Rodrigo De Paul, no comenzó el mundial dando sus mejores partidos, pero el DT de la selección Lionel Scaloni sabía lo que daba este jugador. De Paul fue mejorando exponencialmente en cada partido y corrió la pelota como ningún otro. Enzo Fernández, quien se estrenó con la selección apenas dos (2) meses antes de comenzar el mundial, marcó un gol en el partido contra México y ganó el premio del mejor jugador joven del Mundial. Julián Álvarez, quien comenzó el Mundial como suplente, logró anotar 4 goles durante el torneo. Ángel Di Maria, aunque no pudo jugar en todos los partidos, cuando entró a la cancha, su participación fue estelar. Lautaro Martínez y Gonzalo Montiel consiguieron consolidar el último penal para lograr el triunfo antes Países Bajos y Francia, respectivamente. Su portero, Emiliano “El Dibu” Martínez, ha sido figura fundamental en los triunfos de Argentina en la Copa América en 2021 y en el Mundial.

    En el fútbol gana el que logra anotar la mayor cantidad de goles, por lo que un ejemplo clave del trabajo en equipo es la colaboración de los jugadores en el campo de juego a la hora de anotar un gol. La Guía del PMBOK®, nos dice que los equipos de proyectos que colaboran y trabajan entre sí, en lugar de trabajar en forma aislada o competir, tienden a terminar con mejores resultados. La colaboración en la cancha se mostró en cada juego, pero uno de los mejores ejemplos es el gol de Ángel Di Maria  (presione el enlace para ver el video) en la primera mitad de la final contra Francia. En un espacio de 10 segundos, el equipo recupero el balón, cinco jugadores tocaron la pelota (6 toques) y consiguieron el 2 a 0.

    Cuando se habla del trabajo en equipo de la selección argentina, es importante no olvidar el equipo técnico. El mismo está compuesto de ayudantes de campo, preparadores físicos, analistas, médicos, entre otros. Al igual que en los proyectos, para el éxito del objetivo cada uno tiene que empoderarse de su área. Un ejemplo de esto es el analista Matías Manna quien utilizando la herramienta Wyscout, depuraba toda la data de los equipos y jugadores adversarios para que el cuerpo técnico pudiese analizarla y planificar estratégicamente basándose en ella.[3]

    Resiliencia

    La Guía del PMBOK®, define resiliencia como la capacidad de adaptarse y responder a cambios inesperados. Si el enfoque inicial no es eficaz, el equipo y la organización deben ser capaces de aprender, adaptarse y responder rápidamente.

    Esto lo vimos en el año 2020 cuando a causa del COVID-19, las organizaciones se vieron en la necesidad de responder a un cambio que estaba fuera de su control. Las organizaciones y los equipos con mayor capacidad de responder rápidamente a estos cambios fueron los que sobrevivieron.

    La selección argentina dio cátedra de lo que es aprender, adaptarse y responder rápidamente. Esto lo hicieron a través del torneo y dentro de la cancha. Luego de la derrota 2-1 en su primer partido del Mundial contra Arabia Saudita y de perder el invicto que tenía la selección luego de 36 partidos, el equipo estaba claro de que, de ese momento en adelante, todos los juegos serian finales. Pero esta no fue la única vez que el equipo dirigido por Lionel Scaloni tuvo que ser resiliente, dos pruebas gigantes de esta habilidad de adaptación y respuesta rápida fueron en los juegos contra Países Bajos y en la final contra el equipo francés, que buscaba su bicampeonato. En ambos juegos la selección argentina tenía buen dominio del partido hasta casi al final en que el otro equipo logró empatarlo: minuto 10 del alargue del segundo tiempo contra Países Bajos y minuto 82 contra Francia. En ambos partidos muchos pensaron que luego de este golpe a este punto de los partidos, la selección no podría recuperase, pero nos enseñaron que estaban claros de su objetivo, y como dice la guía de gerencia de proyectos: aprendieron, se adaptaron y respondieron rápidamente.

    Adaptación (Tailoring)

    La más reciente edición de la Guía del PMBOK® también nos habla de la adaptabilidad y nos dice que los equipos de alto rendimiento son más efectivos ya que adaptan la forma que trabajan al entorno y a la situación. En lo que a gerencia de proyectos se refiere, lo que nos dice esto es que cada proyecto es único; por tanto no se espera que a todos los proyectos se le aplique la misma metodología o se trabajen de la misma forma. Los equipos con mayor éxito son los que adaptan la estrategia basándose en la realidad particular de cada proyecto.

    En el caso de la Scaloneta, el equipo y su cuerpo técnico sorprendieron con los cambios en formaciones. Al igual que en la gerencia de proyectos donde la metodología ágil, tradicional o híbrida no funciona para el 100% de los proyectos, en el fútbol no se puede enfrentar a todos los equipos utilizando la misma formación. El cuerpo técnico estaba claro de que, si querían lograr el objetivo, tenían que estudiar a cada uno de sus oponentes y atemperar su estrategia de juego. El equipo utilizó diferentes formaciones a lo largo del torneo como 4-4-2, 4-3-3, 5-3-1, y hasta un 3-5-1. Aunque cambió la formación en casi todos los partidos, su forma de jugar siempre fue una de imponer su juego y adaptarse a los momentos del partido, saber cuándo atacar y cuando defender. Lo que habla también del liderazgo de este equipo. 

    Liderazgo

    Liderazgo se define como el arte de motivar un grupo de personas a actuar para lograr un objetivo común.[5] En los últimos años hemos visto cómo la capacidad de liderar toma cada vez más importancia en la gerencia de proyectos, al igual que la posesión de las habilidades blandas (soft skills) que caracterizan a un líder. Para ser un gerente de proyectos exitoso se necesita no sólo los conocimientos técnicos de gerencia de proyectos, sino tener la humildad, empatía, poder de convencimiento, inteligencia emocional, ser comunicador, entre otras habilidades y competencias.

    Luego del pasado 18 de diciembre, con el triunfo de la selección argentina, se han publicado varios artículos del liderato del DT de la selección, Lionel Scaloni y de su capitán, Lionel Messi. El duo Scaloni- Messi, cada uno en su rol de DT y Capitán, respectivamente, demostraron su liderazgo a lo largo de todo el torneo.

    Son muchos los factores que podemos identificar en ambos que los caracterizan como líderes, sobre todo el enfoque grupal y no individual. Esto lo pudimos apreciar al final de cada triunfo, cuando le preguntaban de sus aciertos en las conferencias de prensas; cada uno hablaba del grupo, del nosotros, de lo que este grupo es y está logrando.

    Virginia Borrajo en su artículo Los secretos del liderazgo de Scaloni[6]nos menciona la toma de decisiones difíciles como unos de los factores que identifican a Scaloni. Un líder debe poder tomar decisiones difíciles en momentos críticos y Scaloni demostró esta destreza desde antes de comenzar el torneo oficial, cuando ya en Qatar, luego del partido amistoso con Emiratos Árabes cambio a Nicolás González y Joaquín Correa, ya que éstos no estaban al 100% de su condición física.

    Messi, quien podía en muchas ocasiones tirar al arco y consolidar su jugada de gol, decidía pasar la pelota a Julián Álvarez, Enzo Fernández, Lautaro Martínez, entre otros jugadores; para que tuvieran la oportunidad de anotar y que, con esto, subiera la confianza de los jugadores y como resultado, la ejecución del equipo. El futbolista nacido en la ciudad de Rosario se ganó el cariño de todo el pueblo argentino y de muchos otros, una muestra de este cariño lo podemos ver en la entrevista de la periodista Sofía Martínez Mateo en la que le agradece a Lionel Messi por todo lo que ha hecho.

    Divertirse

    Algo a lo que quizás no le damos tanta importancia, pero que es esencial al igual que todos los factores técnicos, es disfrutar en el proceso. Esto no aplica tan sólo a la gerencia de proyectos, aplica a cualquier profesión. Si disfrutamos lo que hacemos y nos divertimos en el proceso, las cosas salen mejor. Si han tenido la oportunidad de trabajar en equipos de trabajo donde el equipo se lleva bien y se divierte mientras trabajan un objetivo en común vs. grupos de trabajo en donde lo único que los une es ese objetivo. En ambas situaciones, la dinámica es muy diferente y los resultados terminan siendo una muestra de las ventajas de tener una buena relación con tus compañeros de trabajo.

    En el caso de la selección argentina, Scaloni siempre tuvo claro su norte en cuanto a cómo sacar lo mejor de cada jugador. Él se aseguró de crear un grupo que se divierta jugando al fútbol. Esto quedó demostrado a lo largo del Mundial con las publicaciones en las redes con muestras de cariño los unos con los otros y, en el streaming del ex jugador de la selección Sergio “Kun” Agüero en donde habla con su amigo y ex compañero de dormitorio en la selección Lionel Messi y Papu Gómez; al que luego se unen Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y Marcelo “Daddy” D’Andrea. Esto es una muestra de que este equipo es una familia y que además de trabajar por un objetivo en común se divertían durante el proceso.

    Estos son algunos de los factores en que la gerencia de proyecto se ve identificada en la ejecución de la selección argentina. En los proyectos, al igual que en la cancha, cosas pasan y no siempre los resultados son los que esperamos; pero la aplicación de estos factores aumenta significativamente la probabilidad de poder lograr el objetivo, que para la selección era llevar la Copa del Mundo a la Argentina, donde más de 45 millones de interesados (stakeholders) los estaban esperando.

    ¿En qué objetivo profesional o personal te encuentras trabajando? ¿Cómo la adaptabilidad, el trabajo en equipo, la resiliencia y los demás factores descritos arriba te ayudarán a cumplir dicha meta?


    [1] (Foto Inicial) TODO SEA POR LA SCALONETA: UN GRUPO DE CORDOBESES RECORRERÁ MÁS DE10.000 KILÓMETROS PARA IR AL MUNDIAL. MUNDIALEROS. Todo sea por la Scaloneta: un grupo de cordobeses recorrerá más de 10.000 kilómetros para ir al Mundial – Mundialeros

    [2] Otamendi, el héroe silencioso de Argentina en Qatar 2022. Diario AR. https://www.eldiarioar.com/deportes/mundial-qatar-2022/mundial-qatar-2022_6_9731426_1096374.html

    [3] Morini, Diego. Selección argentina en Qatar 2022: los aliados de Lionel Scaloni, la Big Data y el pulso del vestuario. La Nación. Los aliados de Scaloni, de la Big Data a las charlas permanentes con Samuel, Aimar y Ayala – LA NACION

    [4] (Foto Grupal) Mundial de Qatar 2022 EN VIVO: llega la Selección con la Copa a la Argentina. Ámbito. Mundial de Qatar 2022 EN VIVO: llega la Selección con la Copa a la Argentina (ambito.com)

    [5] Ward, S. (2020). What Is Leadership? Recuperado de Course Hero: https://www.coursehero.com/file/52923456/The-Definition-of-Leadershipdocx

    [6] Borrajo, Virginia. Los secretos del liderazgo de Scaloni. La Capital. 6 de enero del 2023. https://www.lacapitalmdp.com/los-secretos-del-liderazgo-de-scaloni/