Day: 29 julio 2026

  • Un amor heredado: las lecciones de liderazgo, trabajo en equipo y resiliencia de La Scaloneta 

    Un amor heredado: las lecciones de liderazgo, trabajo en equipo y resiliencia de La Scaloneta 

    Recuerdo aquel verano de 2010, estaba embarazada de mi primer hijo y lista para vivir mi primer Mundial junto a mi ahora esposo. 

    De joven nunca fui muy deportista. Siempre me gustó correr, pero más allá de eso, el único deporte que seguía como aficionada era la NBA. Por eso, ver la llegada del Mundial con tanta expectativa era algo completamente nuevo para mí. 

    A medida que se acercaba la fecha, veía cómo se encendía la pasión argentina en mi hogar, al punto de que habíamos acordado que, si Argentina quedaba campeón del mundo, nuestro hijo se llamaría Lionel.  

    Aprender la lista de convocados, comprar la camiseta oficial, conocer el significado de las cábalas argentinas y calendarizar cada partido, eran algunas de las cosas que tomaron prioridad a medida que se acercaba la fecha.  

     A medida que comenzó el Mundial y avanzamos de la fase de grupos a octavos y luego cuartos de finales todo parecía como una fiesta; venían amistades a ver los partidos y comíamos alguna comida argentina. No tarde mucho en darme cuenta de que significaba algo mucho más grande. La reacción y el dolor de Benjamín cuando finalizó el partido de cuartos de finales en el que Argentina quedó eliminada 4-0 frente a Alemania, rival histórico de la selección, al igual que Brasil e Inglaterra, quedaron grabadas conmigo. En ese momento vi cómo, para él, el Mundial simplemente se había terminado. Ya no importaba. 

    Doce años más tarde, durante el Mundial de Qatar 2022, tuve la oportunidad de vivir el primer partido de la selección argentina en Buenos Aires. Aquella pasión que doce años antes había visto reflejada en mi esposo, ahora la veía en todo un país. 

    Luego de la derrota frente a Arabia Saudita, Buenos Aires estaba de luto. Recuerdo salir a correr la mañana luego que se terminó el partido y encontrar las calles prácticamente vacías. Las pocas personas que caminaban iban cabizbajas. Fue en ese momento cuando realmente entendí lo que significa la pasión del fútbol argentino. 

    Durante un mes, cada cuatro años, un país entero deja a un lado diferencias políticas, rivalidades entre clubes y cualquier otra división para unirse detrás de un mismo propósito. 

    Afortunadamente tuve la oportunidad de vivir también en Buenos Aires el partido contra México, una victoria que luego de cuatro largos días de tristeza devolvió la esperanza y marcó el inicio del camino que terminaría con Argentina coronándose campeón del mundo. 

    En mi blog «Lo que la Scaloneta nos enseñó de Gerencia de Proyectos», hablé sobre resiliencia, trabajo en equipo, liderazgo y otros factores que llevaron a ese grupo a alcanzar la victoria. 

    Dieciséis años después de aquel Mundial del 2010, hoy tengo no uno, no dos, sino tres hinchas en casa que cuentan los días para que vuelva a rodar la pelota, que viven cada segundo de un partido como si fuera el último, celebran cada victoria y sufren cada derrota. 

    Por mi parte, aunque llevo dieciséis años siendo hincha de la selección argentina, La Scaloneta despertó en mí un interés diferente. 

    Mi pasión por estudiar la cultura organizacional, el trabajo en equipo, el liderazgo y el comportamiento de los grupos hizo que comenzara a observar este equipo desde otra perspectiva. Mientras muchos disfrutaban del fútbol, yo me encontraba estudiando cada interacción, cada decisión y cada comportamiento colectivo desde un ángulo completamente distinto. 

    Aquí mi objetivo no es hablar de lo que tiene la selección argentina que no tienen otros equipos, ni viceversa. Estoy convencida de que, si observamos con detenimiento a cualquier equipo de alto desempeño, encontraremos grandes lecciones aplicables a nuestras organizaciones. 

    Comparto las de La Scaloneta porque es el equipo que he venido estudiando más de cerca y porque considero que lo que este grupo de jugadores ha construido juntos es el resultado de estas características que describo abajo:  

     

    Liderazgo 

    Es muy difícil hablar de La Scaloneta sin hablar de liderazgo. Hablar de su director técnico, Lionel Scaloni; de su capitán, Lionel Andrés Messi; y de otros jugadores que, en distintos momentos, asumieron un rol de liderazgo dentro del equipo. 

    En mi blog anterior hablo sobre el liderazgo de Scaloni y Messi, pero hay algo que quisiera añadir. Siempre se dice que hay personas que nacen líderes y otras que se hacen. Ver la evolución de Messi me hizo reflexionar mucho sobre esto. Aunque durante muchos años estuvo en el mejor momento de su carrera como futbolista, todavía estaba desarrollando muchas de las habilidades blandas que caracterizan a un líder. Con el paso de los años, la experiencia y la madurez, vimos cómo evolucionó no solo como jugador, sino también como líder. Hoy inspira desde el ejemplo, desde la calma y desde la manera en que pone siempre al equipo por encima de sí mismo. 

    Por otro lado, es imposible hablar del liderazgo de esta selección sin reconocer el trabajo de Lionel Scaloni. En mi casa conocemos a cada jugador de la selección, con sus fortalezas y sus debilidades. Cada vez que Scaloni hace un cambio durante un partido, pueden escuchar las discusiones. 

    “¿Por qué sacaste a De Paul?” “¿Por qué no metiste al Colo?” “Ahora tienes que poner a Lautaro”… 

    Estoy segura de que eso no ocurre solo en mi casa. Basta con escuchar a los comentaristas argentinos o leer las redes sociales para encontrar opiniones sobre cada decisión del director técnico. 

    Sin embargo, esa es precisamente una de las responsabilidades más difíciles del liderazgo: tomar decisiones difíciles, muchas veces bajo presión y recibiendo críticas. Un líder debe conocer a su equipo, saber cuándo mover cada pieza y confiar en el trabajo del grupo que lo acompaña. En este caso, en todo el cuerpo técnico que analiza cada detalle del partido antes de tomar una decisión. 

    Recuerdo especialmente el partido contra Inglaterra, cuando Scaloni decidió sacar a Leandro Paredes. En mi casa la reacción fue inmediata: 

    —¿¡Por qué sacas a Paredes!? (Con algunas palabras adicionales que prefiero no repetir en este escrito.) 

    Pero, pocos segundos después, todos terminamos diciendo lo mismo: 

    —Scaloni sabe. 

    Fue un momento curioso porque, aunque no entendíamos la decisión, confiábamos plenamente en el criterio del líder. Más tarde me llamó la atención ver en redes sociales de unos streamers que habían vivido exactamente la misma reacción. 

    Otra muestra de liderazgo la vimos durante una conversación entre Scaloni y Leandro Paredes durante una pausa de hidratación en el partido contra Suiza. En las imágenes que luego circularon se observa cómo Scaloni escuchaba y le hace una pregunta muy sencilla: 

    —¿Qué necesitas? 

    Como líderes, esa probablemente sea una de las preguntas más importantes que podemos hacerles a nuestros equipos: 

    ¿Qué necesitas? ¿Cómo puedo ayudarte a hacer mejor tu trabajo? 

    Muchas veces pensamos que liderar consiste únicamente en dirigir o tomar decisiones. Sin embargo, una parte fundamental del liderazgo consiste en escuchar y eliminar los obstáculos para que las personas puedan dar lo mejor de sí. 

    Pero el liderazgo no siempre viene del director técnico o del capitán. 

    Una de las imágenes que más me impactó ocurrió cuando Argentina perdía 2-0 contra Egipto. Al minuto 78, Cristian «Cuti» Romero se posicionó prácticamente como delantero, ganó un cabezazo que terminó en el descuento y, en lugar de salir a celebrar, inmediatamente comenzó a hacerles señas a sus compañeros para que siguieran adelante. 

    Con las manos les decía: 

    —¡Vamos, vamos! 

    Ese momento me recordó que un líder no necesariamente es quien tiene el título, sino quien inspira, motiva y logra que los demás crean que todavía es posible. 

    Ese día, el Cuti Romero fue una muestra extraordinaria de liderazgo. 

     

    Tenacidad y resiliencia 

    Imposible hablar de La Scaloneta sin hablar de tenacidad y resiliencia.  

    Sin embargo, este equipo no siempre fue así. En una conversación entre Lionel Scaloni y el cuerpo técnico, luego del primer partido del Mundial de Qatar frente a Arabia Saudita, Scaloni reflexiona sobre lo que ocurrió durante aquel partido. Después de una larga racha de victorias, el equipo simplemente había olvidado lo que era perder. 

    Cuando se vieron abajo en el marcador, no supieron cómo reaccionar. No solo los jugadores; tampoco la hinchada. Después de tantos partidos consecutivos ganando, no supieron cómo reaccionar. 

    Aquella derrota les costó el partido, pero les dejó uno de los aprendizajes más importantes de todo el proceso. Entendieron que no podían rendirse, que el mindset era tan importante como la preparación física o la estrategia, y que todavía quedaba un Mundial completo por jugar. 

    Ese cambio de mentalidad no solo los llevó a ganar la Copa del Mundo, sino también a volver a conquistar una Copa América. 

    Hay que saber ganar, pero también hay que saber perder. Perder también forma parte del deporte, como ocurre en la vida y en las organizaciones. Lo que no se vale es tirar la toalla antes de que suene el silbato final. 

    Hay que darlo todo hasta el último minuto y, cuando las cosas no salen como esperábamos, no darnos por vencidos, sino buscar la manera de levantarnos y seguir adelante. 

    Los partidos contra Egipto y luego contra Suiza fueron otra muestra de esa capacidad para luchar hasta el final. 

     

    Tall Poppy Syndrome 

    Una de las mayores lecciones de vida que me dejó este Mundial fue observar algo que va mucho más allá del fútbol: el deseo que muchas personas tienen de ver fracasar a quienes alcanzan el éxito. 

    Gracias al profesor Dr. Alejandro Gómez conocí un concepto que le dio nombre a ese comportamiento: Tall Poppy Syndrome, la tendencia humana a «cortar» o menospreciar a quienes sobresalen, buscando reducir la diferencia entre el éxito del otro y el propio. 

    Durante muchos años, cuando Messi aún no había ganado un Mundial, muchas personas querían que Argentina fuera campeona para verlo alcanzar ese logro. 

    Pero, después de que Scaloni construyera el equipo que conquistó dos Copas América, una Finalissima, un Mundial, el panorama cambió. 

    Muchos ya no querían ver ganar a Argentina. Le iban a Jordania, a Argelia, a Cabo Verde, a Egipto, a Suiza, a Inglaterra… prácticamente a cualquier equipo que estuviera del otro lado. 

    Y eso me hizo pensar que este fenómeno no ocurre únicamente en el deporte. 

    En la vida pasa exactamente igual. 

    Cuando vemos a una persona alcanzar sus metas, muchas veces solo observamos la punta del iceberg. No vemos los años de esfuerzo, las derrotas, los sacrificios, las decisiones difíciles ni todo el trabajo que hubo detrás. En lugar de inspirarnos en ese proceso, comenzamos a buscar explicaciones para minimizar el logro o, peor aún, deseamos verla caer. 

    Hay una imagen de Michael Phelps que siempre me ha llamado la atención. Mientras él nada completamente concentrado en su carril y en su meta, uno de sus competidores gira la cabeza para mirar dónde está Phelps. 

    Creo que esa imagen resume perfectamente lo que muchas veces hacemos en la vida. 

    Perdemos demasiado tiempo comparándonos con los demás, cuando deberíamos estar enfocados en nuestro propio carril. 

    En cómo ser mejores hoy que ayer. 

    En cómo aprovechar las herramientas que tenemos. 

    En construir nuestra mejor versión. 

    Porque, cuando cada persona trabaja en convertirse en su mejor versión, todos terminamos fortaleciendo al equipo. 

     

    Trabajo en equipo: el colectivo por encima del individuo 

    Si hay algo que admiro profundamente de este grupo de jugadores es el cariño que se tienen entre ellos y la forma en que han logrado construir un equipo donde el colectivo siempre está por encima del individuo. 

    En el futbol muchas veces los delanteros se llevan los reconocimientos, pero ese gol o ausencia de este es un esfuerzo compartido entre los delanteros, mediocampistas, defensas, el portero y el equipo técnico. El logro de un gol en la mayor parte de las ocasiones es un esfuerzo de colaboración entre varios jugadores. 

    Una de las tantas jugadas que representa esta filosofía ocurrió durante el partido contra Suiza. 

    Julián Álvarez estaba bloqueado por varios defensores, con muy poco espacio para avanzar. En ese momento, Jose Manuel Alberto Lopez, mejor conocido como el Flaco Lopez hizo una jugada para llevarse a los defensores, abrir el espacio y pasar a Julián nuevamente la pelota y que lograra concretar la jugada que terminó en gol. 

    Cuando vemos la repetición, es fácil enfocarnos en quien anotó. 

    Sin embargo, ese gol comenzó mucho antes. 

    Comenzó con un compañero dispuesto a hacer un movimiento que probablemente no aparecería en el resumen del partido, pero que hizo posible que el equipo alcanzara el objetivo. 

    Esa jugada resume perfectamente lo que significa trabajar como un verdadero equipo. No siempre quien recibe el reconocimiento es quien hizo posible el resultado. 

    Y eso también ocurre todos los días en nuestras organizaciones. 

    Algo que admiro mucho de esta selección es que sus jugadores parecen haber entendido esa diferencia.  

    En el fútbol, al igual que en las organizaciones, no es sencillo mantener el enfoque en el colectivo. Aunque constantemente hablamos de los logros del equipo, muchas veces terminamos premiando el desempeño individual. Se habla del jugador con más goles, del que tiene más asistencias, del mejor del partido, del máximo goleador del torneo. Es muy fácil caer en esa dinámica y comenzar a perseguir el reconocimiento individual. 

    Sin embargo, La Scaloneta ha logrado construir una cultura diferente. 

    Recuerdo un partido en el que el comentarista mencionaba que Messi todavía no había anotado un gol en ese partido y que eso haría que no lograra sobrepasar los goles anotados por jugador durante el Mundial. Mientras escuchaba ese comentario, pensaba que el verdadero objetivo nunca fue que Messi hiciera un gol. El objetivo era que Argentina hiciera un gol para avanzar a la siguiente ronda. 

    Y eso cambia completamente la conversación. 

    En nuestras organizaciones sucede algo muy parecido. Queremos que todos trabajen por un objetivo común, pero muchas veces diseñamos sistemas de reconocimiento que premian únicamente el desempeño individual. 

    Si no tenemos el mindset adecuado, terminamos fomentando la competencia interna en lugar de la colaboración. Las personas comienzan a competir entre ellas por sobresalir, cuando en realidad deberían estar colaborando para que el equipo alcance el resultado. Y, poco a poco, esa competencia termina debilitando la cohesión del grupo y alejándolo de su propósito. 

    Uno de los mayores logros de La Scaloneta ha sido precisamente ese. Construir un equipo donde cada jugador parece entender que su éxito depende del éxito del grupo. 

    Porque, al final, los campeonatos no los gana un jugador. Los ganan los equipos. 

     

    El triunfo es momentáneo 

    La final también me dejó grandes aprendizajes. Aunque La Scaloneta no salió campeón y, definitivamente, no fue el equipo que acostumbrábamos a ver en la cancha, aprendí algo muy importante. 

    Aprendí que, por encima de cualquier logro, cualquier campeonato o cualquier lección de liderazgo, al final todos somos humanos. 

    Vi llegar a una Scaloneta completamente drenada y golpeada después del partido contra Inglaterra. Más allá de ser un partido más, cargaba consigo mucha historia, tanto por razones políticas como por enfrentamientos anteriores entre ambas selecciones. 

    Lo dieron todo. Jugaron con el alma y con el corazón. 

    Y llegaron a la final intentando encontrar energía donde ya prácticamente no quedaba. 

    Fue impresionante ver el partido que tuvo Emiliano «Dibu» Martínez. Perdí la cuenta de la cantidad de atajadas que realizó. Sin embargo, el fútbol, al igual que las organizaciones, nos recuerda que un solo jugador no puede cargar con todo el peso del equipo. 

    En un equipo de alto desempeño hay momentos en los que unos aportan más y otros menos. Nos apoyamos, nos complementamos y, con el tiempo, ese esfuerzo se equilibra. Pero cuando una sola persona termina sosteniendo el peso del equipo durante demasiado tiempo, el éxito se vuelve mucho más difícil de alcanzar. 

    Después de la final comenzaron a surgir cientos de teorías sobre lo que había ocurrido ese día. Yo prefiero quedarme con una explicación mucho más sencilla. 

    Prefiero pensar que, a pesar de seguir siendo ese equipo que tanto admiro y del que continúo aprendiendo, simplemente ese no fue su día. 

    Y eso también pasa en nuestras organizaciones. 

    Hay días en los que las cosas no salen. 

    Hay proyectos que no logran el resultado esperado. 

    Eso no borra todo lo construido. 

    No elimina los aprendizajes. 

    No significa que el equipo haya dejado de ser extraordinario. 

    Simplemente significa que, por encima de cualquier título o reconocimiento, seguimos siendo personas. 

    Y quizás una de las cosas que más me emocionó fue precisamente la reacción de la hinchada y el recibimiento que le dio a la selección una vez que llegaron a la Argentina. 

    Al final, el mayor regalo que me dejó ese Mundial de 2010 no fue convertirme en hincha de la selección argentina. Fue descubrir una nueva manera de observar los equipos. 

    Lo que comenzó como una pasión heredada terminó despertando en mí una curiosidad por entender qué hace que un grupo de personas logre cosas extraordinarias. Con el paso de los años, mientras mis hijos heredaban el amor por la camiseta albiceleste, yo heredaba algo adicional: el hábito de observar el liderazgo, la cultura, la confianza y las relaciones que existen detrás de cada equipo. 

    Quizás por eso el amor que le tengo a La Scaloneta. 

    No porque siempre gane. 

    No porque crea que sea un equipo perfecto. 

    Sino porque me recuerda, una y otra vez, que los grandes resultados rara vez son producto del talento individual. Son el reflejo de una cultura construida con humildad, confianza, liderazgo, resiliencia y un propósito compartido.